

Cuando Ariana Grande lanzó su álbum de estudio anterior, eternal sunshine, en 2024, la multifacética superestrella estaba inmersa en su “era Glinda”, la cual consumió por completo su brillante imagen de ícono pop. Tan es así que fue toda una sorpresa que estuviera trabajando en música en aquel entonces. Con su cola de caballo rubia y una voz que se mantenía principalmente en los registros más altos de su ya flexible rango, todo con la intención de proteger su salud vocal, parece que hubo una fusión entre los dos proyectos, eternal sunshine y Wicked, en la que se ve a una Ariana que asimilaba nuevos elementos como parte de su arte, tal como lo hace un camaleón cuando adquiere nuevos colores. Sin embargo, petal llega fuera de la burbuja que resguardaba tanto la franquicia de Wicked como su omnipresencia en la cultura pop, aspecto que hizo que Ariana (una vez más con su característico cabello castaño) se sintiera inmediatamente más presente y familiar al mismo tiempo que no dejaba de lidiar con sus experiencias bajo el escrutinio público. Aquí percibimos matices de cada una de sus paletas sonoras. “never get over me” hace alusión a su actitud segura y desafiante que presenciamos en Dangerous Woman; por otro lado, en “big feelings” (un ingenioso juego de palabras con un guiño coqueto), hace gala de la habilidad que tiene de ser divertida y graciosa, muy al estilo de temas como “Side to Side”. “nowhere, nobody” es la canción que cierra el álbum, la cual no desentonaría en Sweetener gracias a su letra reconfortante y su estructura vocal superpuesta. Es una referencia a sí misma, ya que sus fuentes de inspiración (artistas de la talla de Mariah Carey e Imogen Heap, que han sido sus favoritas desde que era niña) tienen una huella musical que se equipara a sus propias expresiones innatas que surgen reiteradamente a lo largo y ancho de su obra musical. “Hay muchas cosas diferentes que me encantan”, comenta Grande en una charla con Apple Music. “Cuando se habla de sonidos, siempre he sido una pequeña esponja extraña y jamás me he alejado de lo que me gusta. La verdad, escuchar cosas nuevas no es algo que me guste”. En eternal sunshine, vimos a una Ariana que, con delicadeza, aún intentaba encontrarle el sentido a su relación, quizá, con una pareja. (¿O era su relación con la fama? ¿Sus fans? ¿Los medios? ¿Ella misma?). No obstante, en petal (que también coprodujo ILYA, el protegido de Max Martin), deja atrás los tonos cálidos de su predecesor y pasa a adoptar un aire teatral y de terror que sirve de hilo conductor entre los temas preponderantes. Desde el lento y opresivo vals de la canción principal que denota el dolor de sentirse obligada a cantar para el deleite de las masas, hasta los metálicos picos discordantes de sintetizador que se perciben en “like i do”, las canciones de esta producción suenan menos como cuentos de hadas y más como fábulas con moraleja; incluso podríamos decir que son el tipo de “señales de advertencia” que menciona en el revelador interludio del mismo nombre. “Escribí desde una emoción que no suelo evocar, la cual era una especie de rabia desenfrenada que creo que todas las personas hemos llegado a sentir en algún momento”, precisa. “En general, soy demasiado tímida para apoyarme en ese sentimiento. Es por eso que creo que, en esta ocasión, simplemente me dejé llevar más que otras veces”. Aun así, se mantiene la ligereza que parece ser la primera fuente de resiliencia que tiene Grande frente al escrutinio público. “Me estoy haciendo amiga de mis consecuencias”, canta en “like i do”, donde la interacción parasocial se transforma en dólares para, después, bromear con un “odias amarme…”. Claro. Sin embargo, vale la pena mencionar lo siguiente: ella también odia amarte a ti.