CONFESSIONS II

CONFESSIONS II

“La gente cree que la música para bailar es superficial”, dice Madonna en uno de los muchos interludios hablados que articulan el mensaje de su decimoquinto álbum de estudio. “Pero se equivocan por completo…” Cuando se trata de aclarar las cosas, pocas personas están más calificadas para hacerlo que Madonna, una bailarina de toda la vida cuya relación simbiótica con la escena underground de los clubes precede a sus más de 40 años como la Reina del Pop. Coproducido con Stuart Price, la mente maestra detrás de Confessions on a Dance Floor (2005), CONFESSIONS II es un sucesor espiritual de aquel álbum. Además, cuenta con la participación de figuras como Cirkut, Tainy y su colaborador habitual Mirwais. Como se afirma en uno de esos interludios, crea “un espacio ritual donde el movimiento reemplaza al lenguaje”. Fiel a su convicción de que, parafraseando una de sus canciones, la música hace que la gente se una, CONFESSIONS II hace de la unión una prioridad para Madonna más que nunca. “No one wants to go outside”, canta en “Everything”, interrumpiendo el pulso de ritmos en constante transformación con un grito de frustración: “It’s not OK/I don’t fuck with it!”. Y, sin embargo, es afuera donde está la fiesta, como deja claro en “Danceteria”. Sobre luminosos ritmos disco que evocan su sencillo debut de 1982, “Everybody”, Madonna narra una noche en el emblemático club neoyorquino que da nombre a la canción y donde comenzó su camino hacia el estrellato. Afuera es el lugar para dejarse ver junto a Debi Mazar, Basquiat o Nile Rodgers y, al mismo tiempo, pasar inadvertida: libre de tus propias inseguridades, solo un cuerpo más entre la multitud. “That’s why I like to go dancing…”, confiesa en el etéreo y liberador sencillo principal “I Feel So Free”, susurrando las palabras “safety in numbers” como un conjuro secreto destinado a ser escuchado y comprendido por quienes más necesitan su protección. Es la música como religión, la coreografía como comunión y el DJ como una deidad. Y, como nos recuerda apenas dos canciones después, dentro de la mezcla continua de 64 minutos que conforma el álbum, “it’s good for the soul”. “To let down your hair and breathe in the air”. Una vez demostrado su punto, la segunda mitad del álbum deja espacio para explorar todo lo demás que ocupa la mente de Madonna. La colaboración de aire hímnico con Martin Garrix, “Bizarre”, gira en torno al amor y sus absurdos; “Fragile” rinde un emotivo homenaje a su difunto hermano Christopher Ciccone y a la turbulenta relación que compartieron, mientras que “The Test”, dirigida a “Little Star”, el apodo de la hija mayor de Madonna, Lourdes Leon, quien también participa en ella, muestra a madre e hija sanando heridas emocionales sobre una base de ritmos vibrantes con la colaboración de Arca. A medida que el álbum se acerca al final, el ritmo se desacelera, pero los elementos dinámicos de la producción se intensifican y dan paso a sonidos más experimentales, una muestra del inagotable deseo de Madonna por seguir ampliando sus propios límites, incluso cuando recorre de nuevo terrenos familiares. En cuanto a las altísimas expectativas marcadas por su predecesor, superar un éxito como aquel ya sería una hazaña; repetirlo rozaría el milagro. Si CONFESSIONS II no alcanza del todo lo imposible, el hecho de que 21 años después tanto Madonna como Stuart Price sigan persiguiendo esa chispa tiene un poder propio.