Black Mozart

Black Mozart

Jon Batiste improvisa con la música del gran compositor: “Mozart era un excelente improvisador”. “La gente asocia la improvisación con el jazz, pero ya era un recurso fundamental en la música clásica”, cuenta Jon Batiste a Apple Music Classical. El cantante, compositor, pianista y músico polifacético estadounidense, que dirigió la banda de The Late Show with Stephen Colbert, se ha propuesto devolver la espontaneidad a los clásicos. En Black Mozart, sucesor de su álbum Beethoven Blues, Batiste entabla un diálogo íntimo y personal con obras compuestas hace 250 años. “La música de Mozart”, argumenta, “es eternamente moderna, siempre trascendental e innegablemente universal”. “Mozart era un excelente improvisador”, señala Batiste. “Solía interpretar composiciones totalmente espontáneas y componía piezas a medias para luego completarlas gracias a su don para la improvisación. Muchas de sus grandes obras nacieron de improvisaciones que luego se trasladaron a la partitura. Una obra alcanza la gloria cuando la gente la adopta y dialoga con ella a su manera: la amplía, la moldea, la transforma. Con el paso de los años, a medida que la gente sigue dialogando con una obra, sus melodías se vuelven omnipresentes y quien la compuso llega a pasar a un segundo plano frente al diálogo que genera su pieza, que nutre a la gente mucho después de su muerte”. El título de Black Mozart nace a partir de las relecturas que Batiste hace del compositor desde la perspectiva de la música negra estadounidense. Según Batiste, este álbum es un diálogo abierto con las composiciones de Mozart. “Creo que el gran canon clásico de Mozart, Beethoven, Chopin, Bach y todos aquellos a quienes estudiamos e interpretamos ha llegado a un punto en el que se puede hacer una interpolación, una reinvención y una actualización a partir de todas las grandes tradiciones culturales y musicales que han surgido desde su época. Tenemos el blues, tenemos el jazz, tenemos todo tipo de formas contemporáneas que ellos no pudieron incorporar a su obra. Y también deberíamos redescubrir el espíritu y la utilidad de la improvisación en la música clásica”. Jon Batiste forma parte de una gran dinastía musical de Nueva Orleans y, hace décadas, su tío abuelo Alvin Batiste, un emblemático clarinetista de jazz, plantó la semilla de este proyecto en la conciencia creativa de Jon. “Sin darse cuenta, él fue una de mis primeras tomas de contacto con la reinvención de la música clásica”, recuerda. Al joven Jon, la música de Mozart le resultaba algo “acartonada”, lo cual reforzó su inmersión en las obras de Bach y Beethoven, aparentemente más vigorosas y densas; pero cambió de parecer al escuchar a Alvin reinventar una de sus melodías favoritas de Mozart en forma de blues de doce compases. El Mozart de Batiste es muy juguetón y tiene grandes dosis de ingenio. En “Facile-Batiste” añade sutiles adornos de jazz al primer movimiento de la Sonata para piano en do mayor, K. 545, de Mozart, e interrumpe la composición original con una fantasía libre construida sobre sencillos acordes repetidos. Por su parte, a “Shine” y “Twinkle”, ambas basadas en las mozartianas Variaciones sobre “Ah! vous dirai-je, maman” (más conocida como “Estrellita ¿dónde estás?”) les une un hilo melódico. Mientras que en “Alla Blues” pasa de la improvisación libre a una versión más formal del “Rondo alla turca”, de Mozart, en “Country Zart” conecta la “Obertura” de Las bodas de Fígaro con la energía palpitante del country negro. Las improvisaciones de Black Mozart son totalmente fieles a la forma de hacer música del propio Batiste. “Hay que encontrar el equilibrio entre respetar el canon y, al mismo tiempo, expresarse artísticamente con autenticidad”, afirma. “Ese es el mandato de los músicos modernos”. Batiste tiene la certeza de que, si hubiera podido, Mozart habría entretejido diversos elementos de la música actual en sus composiciones. “Sería alucinante escuchar lo que haría con todos los géneros que existen ahora”. La espontaneidad fue una pieza imprescindible en Black Mozart. Si bien Batiste ha tocado música de Bach y Beethoven desde la infancia, a Mozart se acercó sin ideas preconcebidas. Así, interpretó las obras e improvisó su respuesta a los temas e ideas principales el día de la grabación. “Al joven Jon Batiste no le atraía mucho Mozart”, confiesa. “Me acerqué a él cuando tenía en mente mi Batiste Piano Series. Cuando trabajé en el álbum de Beethoven, en realidad estuve a punto de grabar Mozart Blues. Conocía su música desde pequeño y había llegado a entender lo que hacía como compositor. Sin embargo, este álbum fue mi primera incursión en la interpretación de su música. Ese día, fui a la escuela de Mozart. La idea era tomarlo como punto de partida y encontrar un camino en mi interior hacia algo auténtico que incitara la conversación. Eso es lo más importante de todo”.