Bad Bunny en 20 canciones

Bad Bunny reinventó la música del Caribe y de su Puerto Rico natal para el mundo, bajo sus propios términos. Con su Apple Music Super Bowl LX Halftime Show aproximándose rápidamente, destacamos lo que lo ha hecho tan transformador.

Trap Bunny

La leyenda de El Conejo Malo comienza así: Benito Antonio Martínez Ocasio, estudiante universitario puertorriqueño y empaquetador de supermercado durante el día, era también un joven rapero carismático que, en su tiempo libre, grababa y subía canciones a SoundCloud. Desde el inicio destacó.

No sólo porque se pintara las uñas o usara aretes de aro —gestos astutos y desafiantes que ponían en fricción lo femenino con el machismo del hip-hop—, sino porque parecía moverse con total naturalidad fuera de cualquier límite estilístico. Más aún: terminó por moldear a su imagen el entonces naciente movimiento del trap latino.

Su barítono era sobrenaturalmente flexible, capaz de adoptar formas y tonos inesperados. Cantando y rapeando en español puertorriqueño, no le temía a la vulnerabilidad: líricamente habitaba el punto medio entre la confianza y la sensibilidad, lo descarado y lo sincero, lo alfa y lo beta. Sonaba (y se veía) como el futuro, pero bebía profundamente del pasado de Puerto Rico: el reggaetón de Tego Calderón y Daddy Yankee, la salsa clásica de Héctor Lavoe y El Gran Combo de Puerto Rico.

Su primer gran punto de quiebre llegó en 2016 con “Diles”, un tema colectivo de cadencia casi infantil y erotismo desacomplejado, que funciona como una lección práctica sobre el placer femenino: Bad Bunny desplaza el deseo masculino del centro y pone el de ella como eje narrativo. La canción se volvió viral y abrió la puerta a una racha vertiginosa de sencillos y colaboraciones que incluyó “Soy Peor”, un debut solista melancólico y resentido donde empuña un arma no para vengarse de un rival, sino para ajustar cuentas con Cupido.

En 2017 se consolidó con “Chambea”, un himno trap tan absurdo como amenazante, que demostraba que la reafirmación del rap podía ser también lúdica. Y a medida que su público se expandía mucho más allá de América Latina, Bad Bunny se negó a suavizar su identidad o a cambiar de idioma: insistió en que el mundo se adaptara a él, no al revés. El mundo lo hizo. En cifras históricas.

Seis años después, volvió a sus raíces traperas con “MONACO”, una auténtica vuelta de la victoria construida sobre un sample (a la manera de El Padrino) de “Hier encore”, el estándar de 1964 de Charles Aznavour, mientras recuerda que los autos de F1® suenan todavía más ensordecedores en persona. Para entonces, Bad Bunny ya era un ícono global: Artista del Año de Apple Music en 2022, y una de las figuras decisivas en la consolidación del pop en español dentro del mainstream mundial.

“Eso es lo que me gusta de mí, de mi carrera, de mi éxito”, le dijo a Zane Lowe en una entrevista con Apple Music en 2025. “Siempre he sido yo”.

Perreo Bunny

Después de consolidarse como figura central del trap latino, Bad Bunny se propuso reconfigurar el reggaetón, el sonido caribeño que Puerto Rico había llevado al mundo. Su aproximación al género nunca fue ortodoxa: en lugar de romper con su tradición, la estiró hasta el límite, dialogando constantemente con su propio linaje artístico.

Ese impulso se percibe con claridad en “Safaera”, un sencillo sísmico y caótico, atravesado por cambios abruptos de ritmo, variaciones constantes de flow y apariciones de pioneros como Jowell & Randy y Ñengo Flow. La canción funciona como un collage cultural donde conviven referencias que van desde “Get Ur Freak On” de Missy Elliott hasta “Murder She Wrote” de Chaka Demus & Pliers, pasando por “El Tiburón” de Alexis y Fido.

Pero incluso en sus canciones más accesibles —como “Me Porto Bonito”— Bad Bunny conserva una capacidad poco común para seducir sin perder filo emocional. Es particularmente incisivo dentro del perreo, la vertiente más explícita y corporal del reggaetón, como se escucha en “EoO”, incluida en DeBÍ TiRAR MáS FOToS (2025). Incluso ahí ha desafiado las convenciones del género: ha desmontado sus códigos ultramasculinos apareciendo en drag y utilizando su plataforma para visibilizar y defender a audiencias LGBTTTIQ+.

Sad Bunny

Bad Bunny proyecta una confianza innegable en su manera de entender la música y la moda, pero otra dimensión central de su atractivo es su disposición a mostrarse vulnerable. A lo largo de los años, ha habitado abiertamente sus emociones, desplazando su universo de colores saturados hacia paletas más oscuras y sombrías. Esa faceta apareció con claridad por primera vez en “Amorfoda”, una balada austera sostenida únicamente por una voz herida y acordes de piano sin ornamentos.

Encontró un contrapunto inesperadamente eficaz para ese registro íntimo en J Balvin, junto a quien grabó el álbum colaborativo OASIS. Su sencillo “LA CANCIÓN”, que retrata al dúo derrumbándose emocionalmente en plena pista de baile, encabezó las listas tanto en Estados Unidos como en México. Pero incluso cuando se mueve en territorios melancólicos, Bad Bunny evita el dramatismo puro: en videos de canciones en solitario como “Si Estuviésemos Juntos” y “Yonaguni”, sabotea su propia tristeza con un humor seco y contenido, mezclando el arquetipo del chico dolido con una autoconciencia irónica.

Benito mundial

Con el streaming como vehículo, la música de Bad Bunny circuló con libertad y alcanzó audiencias cada vez más amplias. A lo largo de ese recorrido, su identidad artística se mantuvo intacta: cantando y rapeando casi exclusivamente en español, su obra se expandió sin adaptarse a fórmulas externas, conservando una voz reconocible incluso a escala global.

Detrás de esa resonancia hay una versatilidad poco usual. “Cada día aprendo algo nuevo y lo pongo en mi música”, le dijo a Zane Lowe en 2020. “Me encanta probar cosas diferentes, siempre”. Su año de despegue fue 2018, cuando prendió fuego a su verso en “I Like It” de Cardi B, un éxito pop-rap construido sobre un sample de “I Like It Like That” de Pete Rodriguez, clásico del boogaloo neoyorquino gestado por comunidades boricuas en los años sesenta.

Poco después, Drake (conocido por detectar corrientes emergentes) se unió a Bad Bunny en la sensual y quebrada “MIA”, entregando incluso su voz completamente en español. Más allá de estas colaboraciones de alto perfil, Benito ha demostrado una curiosidad casi omnívora: ha incorporado influencias tan dispares como el punk pop y el drill, y algunos de sus mayores éxitos nacieron de esas exploraciones, ya fuera a través del house melancólico de “Dakiti” o del pulso insistente del dembow dominicano en “Tití Me Preguntó”.

La casa de Benito

La manera en que hago música, la forma en que trabajo, es la misma desde el principio: hago música para mi gente”, le dijo Bad Bunny a Ebro Darden de Apple Music en 2022, poco antes del lanzamiento de Un Verano Sin Ti, que ocupó el puesto No. 76 en la lista de los 100 mejores álbumes de todos los tiempos de Apple Music. “Creo música desde aquí hacia el mundo”.

Dentro y fuera del estudio, Bad Bunny ha tejido a Puerto Rico en todo lo que hace, ya sea a través del uso de jerga local y referencias culturales, o de manera más explícita, como en “El Apagón”, uno de los momentos centrales de Un Verano Sin Ti: un retrato vertiginoso del país que alude directamente a los apagones crónicos que azotaron la isla tras el huracán María y a la privatización de su red eléctrica. El video del tema se entrelaza con Aquí vive gente, el documental de la periodista Bianca Graulau que aborda los efectos de la gentrificación en Puerto Rico.

En 2025, publicó DeBÍ TiRAR MáS FOToS, una carta de amor contemporánea y de largo aliento dedicada a Puerto Rico y a sus tradiciones musicales —salsa, bomba, plena, jíbaro—, que explora tanto las huellas del colonialismo y la preservación de la identidad cultural (“LO QUE LE PASÓ A HAWAii”), como las consecuencias humanas del desplazamiento (“DtMF”). El lanzamiento del álbum estuvo acompañado por una residencia de 30 fechas en el Coliseo de Puerto Rico, en San Juan, que generó un impacto estimado de 200 millones de dólares en la economía local.

Cuando la NFL anunció a Bad Bunny —en plena residencia— como el artista principal del show de medio tiempo del Apple Music Super Bowl LX, lo hizo a través de un breve video en el que aparece sentado sobre un poste de portería en la playa de su infancia, Playa Puerto Nuevo, en Vega Baja. Fue otro momento de cierre de ciclo: una convergencia clara entre lo global y lo local.

“Siempre he estado aquí, pero ahora se siente una conexión distinta, más profunda”, le dijo a Apple Music. “A veces, cuando te alejas de algo, puedes verlo mejor. En los últimos dos años conocí a mucha gente de distintos países y culturas, y tuve que compartir mi cultura, mis circunstancias —lo que vivimos aquí en Puerto Rico—. Todo eso me hizo pensar en quién soy y qué represento”.