

Juan Gabriel en 20 canciones
Para celebrar el Apple Original podcast Mi Divo, contamos la historia del icónico cantautor mexicano Juan Gabriel a través de sus canciones, desde sus humildes comienzos en Juárez hasta su presencia escénica pionera y su identidad queer.
El camino desde Juárez
Entre todas las abstracciones, facetas y versiones que construyen la vida de Juan Gabriel, ninguna es tan clara como su origen, mismo que, a diferencia de otras grandes estrellas de la música, él se encargó de visibilizar y narrar en cada ocasión posible. Y es justo desde ahí, desde el orgullo por sus raíces y la humildad de su pasado, que el Divo se constituye como un ente terrenal conectado con su público. Juanga siempre perteneció a la gente.
Cuando la madre de Alberto Aguilera dejó su natal Parácuaro para mudarse junto a su familia a Ciudad Juárez, llegó a una incipiente metrópoli industrial que comenzaba a cobrar relevancia por su enclave fronterizo tras el final del Programa Bracero. Ahí, inscribieron al joven Alberto en un internado desde los 5 hasta los 13 años, edad a la que escapó para ir a vivir con su mentor y figura paterna, Juan Contreras, de quien heredó su nombre artístico, complementado por Gabriel, nombre de pila de su padre biológico. Con él, aprendió los modos de la vida, adoptando una temprana independencia que lo llevaría a la calle y a convertirse en la figura que fue. En un coro de iglesia hizo sus primeros acercamientos al canto, y luego, en la vida nocturna de Juárez, tuvo sus primeros trabajos como artista.
Juárez, con todo lo bueno y lo malo, lo acogió como a un hijo, y él devolvió cada gramo de cariño multiplicado al doble. “No Tengo Dinero”, su primer gran éxito, narra una juventud de carencias en la ciudad fronteriza, donde el único recurso desbordante era el amor. “El Noa Noa” es una carta romántica al lugar que lo formó como intérprete y que lo recibió de vuelta con fiesta y devoción en cada tropiezo de su temprana carrera. Y así como ellas, están “Juarez Es El No. 1” y “Eternamente Agradecido”, entre otras canciones que aparecen en sus nostálgicas entregas iniciales, Recuerdos y Recuerdos II. Los restos del Divo descansan hoy, precisamente, en Ciudad Juárez.
Pionero queer
Alberto Aguilera Valadez nació un 7 de enero de 1950. Una curiosa exactitud que parte el siglo en un mundo antes y después de Juan Gabriel. Quizás una simple casualidad, o quizás no tanto desde la perspectiva historiográfica de México. Los años 50 representan los inicios del milagro mexicano y la década final de la época de oro del cine nacional. Desde esa industria, la del entretenimiento, se materializaron muchos de los arquetipos mexicanos que prevalecen en la actualidad: la mujer sumisa, la pobreza romántica y el charro valiente, macho, mujeriego, parrandero y jugador. Juanga sólo era parrandero. Desde sus inicios componiendo e interpretando música popular, tanto ranchera como balada, el Divo planteó un desafío, el menos desafiante de la historia, tal vez. Su personalidad, estilo musical e intimidad nunca fueron incómodos. Al contrario, fuimos cómplices de un secreto a voces del que nunca quisimos indagar más. “Lo que se ve no se pregunta”, decía él, y con eso fue más que suficiente. Por otro lado, la construcción de su identidad queer es notable desde su sentido más básico. Todas sus composiciones están hechas para ser cantadas con un registro agudo, que se contrapone al estereotípico registro grave del hombre. Por encima de ello, las inflexiones vocales y los gestos performáticos de Juanga agregaban un sentido casi erótico y a la vez romántico a su arte. Un artista siempre entregado al placer de su público y de la noche. Luego, desde su sentido más notorio, halló belleza en la extravagancia, donde sus vestimentas y presentaciones se volvieron tan icónicas como sus canciones. Fue un provocador y un reivindicador de la estética kitsch al que nunca le importó el qué dirán. ¿Su única musa? El amor. Se canta al corazón, y desde ahí, el Divo sigue sin tener comparación.
Virtuoso del escenario
En concierto, Juan Gabriel brilló con la intensidad de una estrella fugaz. Mientras que las grabaciones de estudio permiten apreciar su genialidad para componer melodías inolvidables, las presentaciones en vivo exhibieron el lado más mitológico de su carisma. Era evidente que le fascinaba comulgar con sus fans; probablemente su lugar favorito en el mundo era arriba de un escenario. Con frecuencia empezaba sus shows con una banda que tocaba su repertorio pop, para después partir el concierto en dos, introduciendo un mariachi que provocaba el delirio de la audiencia y le permitía lucir su repertorio de rancheras. Cuando le fallaba la voz, como ocurrió ocasionalmente durante los últimos años de su carrera, Juan Gabriel dirigía el micrófono a la multitud, que lo recompensaba coreando sus éxitos de memoria con una precisión absoluta. Es por eso que los álbumes en vivo de Juan Gabriel ocupan un puesto de honor en su discografía. El primero hizo historia: En el Palacio de Bellas Artes es un espectáculo grabado en mayo de 1990 en el Palacio de Bellas Artes junto a la Orquesta Sinfónica Nacional. “Más que una canción es una oración de amor”, exclama Juanga al comienzo de la conmovedora “Amor Eterno”. Siete años más tarde, regresaría al Palacio para festejar 25 años de carrera con otro LP doble que incluía varios popurrís y una canción romántica de una fuerza emocional devastadora: “Así Fue”, editada con éxito como sencillo en abril de 1998. En 2013, Mis 40 en Bellas Artes culminó la trilogía con un repertorio remozado y una versión gloriosa de “El Noa Noa” como despedida final.
El mago de la canción
Julieta Venegas editó su segundo álbum, Bueninvento, en el año 2000, esta obra maestra del rock alternativo incluyó un cover singular: una versión amarga y arrebatada de “Siempre en Mi Mente”, interpretada por Venegas sin un dejo de ironía. Pese a que Juan Gabriel se destacó principalmente en el género comercial de la balada tórrida, las grandes estrellas del rock latinoamericano supieron apreciar la genialidad del Divo para componer canciones que lograron trascender estilos y generaciones. Juan Gabriel no sabía leer música. Las canciones aparecían en su mente de manera espontánea, casi milagrosa, y desde el principio de su carrera tuvo la sabiduría de preservar sus ideas y rodearse con los mejores arreglistas de la música iberoamericana. En su faceta como productor era puntilloso y exigente, adaptando sus ideas a la voz y sensibilidad de las estrellas con las que colaboró. Su contacto con la poesía de las palabras le permitió explorar con abandono los matices y melodramas del amor romántico en todas sus facetas: la adoración casi religiosa por una enamorada, la desesperación del abandono y la soledad, y el anhelo de una venganza sentimental. Una de sus especialidades era el proceso de recordar. Pocas composiciones pueden describir con tanta claridad el tinte mágico y dorado de una pasión que no existe más, pero que dejó una marca certera en el corazón. Con el paso de las décadas, temas como “Querida”, “Hasta Que Te Conocí”, “Se Me Olvidó Otra Vez” y “Te Lo Pido por Favor” se incorporaron al panteón de los clásicos del cancionero latinoamericano, al lado de las canciones de leyendas como Pedro Infante, Carlos Gardel y Armando Manzanero.
Un divo eterno
Es casi imposible de creer que El Divo de Juárez tenía solamente 66 años cuando falleció en 2016. Su discografía es prodigiosa en su amplitud y variedad de estilos. Más allá de la balada romántica, el género que reinventó y marcó para siempre, Juanga se destacó también en la ranchera tradicional, el bolero y la música de banda. El proyecto que lo mantuvo ocupado hacia el final de su vida fue la trilogía de álbumes conocida como Los Dúo, en los que revisita los mejores momentos de su carrera acompañado de una constelación casi infinita de artistas. Los primeros dos volúmenes de Los Dúo salieron en 2015, y el cantante pudo disfrutar de la aceptación masiva con la que fueron recibidos. La tercera parte se basó parcialmente en grabaciones que Juan Gabriel había dejado listas y fue su primer álbum póstumo. Basta con mirar la lista de estrellas invitadas en estos tres discos para entender la influencia que tuvo como cantautor en múltiples generaciones de la música. Aparecen acompañantes de ruta en su amado México, como Vicente Fernández, Marco Antonio Solís y Joan Sebastian, pero también visitantes inimaginables como Natalia Lafourcade, Juanes, Laura Pausini, Mon Laferte y hasta John Fogerty, del grupo de rock Creedence Clearwater Revival. No era necesario hablar español ni tener familiaridad con el pop latino para emocionarse con las canciones del Divo. Al enfocarse en los aspectos más nobles y puros de la creación musical, principalmente la belleza de las melodías y la sinceridad de las letras, Juan Gabriel creó un legado que no podría provenir de ningún otro lugar que no fuera México, pero que al mismo tiempo, conecta con la esencia universal de la experiencia humana. Su fascinación por la música fue, en realidad, el verdadero amor eterno de su vida.