Suele haber constantes en las obras indispensables dentro del arte, como ir a contracorriente, marcar un nuevo camino y crecer al margen del mundo. Candlemass cumplió las tres condiciones en un planeta saturado de sub-metal, al que fulminaron con este debut en forma de lanza-llamas motorizado por espesos riffs durante una maléfica y operística misa negra. Añade unos arreglos ilustrados con una imaginación iluminada, por lo que la sumisión auditiva es obligatoria.