Stendhal

Stendhal

En “Ale”, la primera canción de Stendhal, Ozuna y Beéle describen la noche como un trofeo para el amanecer, sobre una pista de afrobeats que se siente casi ritual, mística. El álbum del colombiano y el puertorriqueño guarda ese potencial con el que nada es imposible en cualquier madrugada: “La noche está para que todo se dé”, canta Ozuna en “El Volcán”, tan suave como una ola que besa la playa. Stendhal puede tomarse como un estudio de todas las posibilidades de los afrobeats contemporáneos; así lo muestran “Templo” y “Liberal”, con sus diferencias y puntos de unión. También podemos escucharlo como la convivencia de dos voces melódicas distintas y complementarias: el registro agudo de Ozuna brilla en “Explícito” y la entrega más borrosa y profunda de Beéle dinamiza “Innombrable”. Finalmente, canciones como “Un Pikito” y “Antes de Irme” hacen de este disco un ejercicio de seducción profunda, un álbum para esas noches que desembocan en amaneceres en las que lo único que se interpone entre esas dos personas que bailan es la tensión de lo que está a punto de ocurrir.