Querido…

Querido…

El séptimo álbum de estudio de José Madero comienza con una confesión vulnerable y poderosa: “Este territorio me es desconocido. No hay camino que me haga sentido”, canta en el track que corta el listón de Querido…, “¿Y Ahora Qué?”. El regiomontano escribe este material como una carta que no tiene un destinatario claro, pero que sirve como una manera más directa y teatral de vaciar sus sentimientos. Y, desde la introducción, encamina esa espiral emocional que poco a poco se va revelando, sin llegar a encontrar una respuesta. Dándole valor al que resulta ser el más personal de sus discos, Pepe decidió estrenar Querido… sin ningún sencillo ni adelanto previo. Con esa decisión, quedó claro que para él era necesario entender el material como un todo, que se escuche de pies a cabeza en el orden que decidió otorgar a los 13 temas que lo conforman. Desde ahí, parte en un viaje que pasa por la intimidad de enfrentarse a momentos duros de su humanidad: el duelo de lo que se ha perdido, la culpa de lo que ha saboteado, y la búsqueda de un perdón que parece alejarse cada vez más. Su visceralidad característica brilla como nunca esta vez, especialmente en momentos de fragilidad como “Cursiva la Letra” o “Postales desde el Fin del Mundo”. Una gran parte del sonido del álbum está ligada a una decisión particular en el proceso de confección de este: Adrián “Rojo” Treviño, productor de gran parte de la discografía de PXNDX, vuelve a trabajar con Madero, esta vez como ingeniero de mezcla del LP. Bajo esa premisa, es natural sentir una conexión del regiomontano con una faceta más intensa y casi dramática de su personalidad artística, donde vuelve a deslumbrar la estridencia vocal (en baladas de crooner) y la instrumentación por ratos orquestal.

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