

A finales de los 90, Mónica Naranjo era lo más parecido que la escena española tenía a una Madonna autóctona: audaz, irónica y pasional al mismo tiempo, y con cierto aire de diva disco. Tras el éxito arrollador de Palabra de Mujer, la entonces veinteañera decidió dedicar su tercer álbum a rendir homenaje a Mina, una influencia decisiva en su carrera sobre la que la mayoría de sus fans sabían poco o nada. El resultado fue una colección de versiones en español del icono de la canción italiana sazonadas con un puñado de temas que Naranjo había compuesto con sus colaboradores habituales. Más allá de la reinvención de un cancionero desconocido para las nuevas generaciones, Minage es una explosiva combinación de pop latino, soft rock y baladas arrebatadoras que suena hoy tan fresca como el día que vio la luz.