Legends, Myths and Lavender

Legends, Myths and Lavender

Es fácil practicar la honestidad radical cuando se trata de otras personas, pero resulta mucho más difícil cuando debemos mirar a nuestro interior. Stephan Moccio encontró el espacio y el coraje necesarios para profundizar en su mente durante su estancia en los Estudios Miraval, en el corazón del sur de Francia. El compositor, productor y pianista canadiense aprovechó ese tiempo para meditar sobre la verdadera naturaleza del ser y canalizó sus sentimientos en Legends, Myths and Lavender. La suite de Moccio, compuesta por 17 miniaturas para piano solo, evolucionó durante el mes que estuvo en Miraval, inspirada por las abundantes riquezas naturales de la Provenza, entre ellas los antiguos bosques y los campos de lavanda de la región. Legends, Myths and Lavender explora pensamientos sobre mortalidad, familia, ilusión y realidad, y temas sobre el propósito de la vida traducidos en piezas muy personales y sorprendentemente hermosas. Las composiciones de esta obra provienen de la misma fuente melódica que siempre ha inspirado la música de Moccio, ya sea para bandas sonoras de películas, éxitos pop o sus numerosas grabaciones como solista. Juntos, trazan el curso de un viaje espiritual. “Home” y “Polaris”, que abren y cierran el álbum, representan facetas del lugar donde comenzamos y al que regresamos. Entre estos dos polos se encuentran experiencias, desafíos y celebraciones. “The Wanderer” transmite lo que Moccio describe como “la belleza en la impermanencia”, algo que debemos agradecer en lugar de temer. “Todas las personas vagamos por la vida”, comenta. “A menudo se trata de confrontar tu propia alma, tus propios demonios. Si eres capaz de aceptarlos y ser honesto contigo mismo, lo superarás. La impermanencia es parte de la vida. Si puedes aceptarla en lugar de luchar contra ella, creo que estarás mejor”. Miraval le ofreció a Moccio un refugio de las exigencias del trabajo en Los Ángeles. Viajó allí poco después de cumplir 50 años, armado con una aguda conciencia de la fugacidad de la vida. Allí encontró un espacio para reflexionar y crear en condiciones ideales. “Ya me cuestionaba muchas cosas”, recuerda. “Me preguntaba cómo mis decisiones profesionales habían afectado a mi familia y el tiempo que pasaba con ella, lo cual era algo muy importante. He tenido una carrera exitosa, pero ha tenido un costo. No digo que me arrepienta. Sólo digo que quiero cambiar ciertas cosas en mi forma de afrontar esto, de cara al futuro”. El proceso creativo de Moccio se veía respaldado por la tranquilidad de las rutinas diarias. A pesar de trabajar hasta 15 horas en el estudio, encontraba tiempo para pasear solo y grabar en su iPhone lo que se le ocurría. “Podía ser sobre cualquier cosa”, comenta. “Ya fuera el proceso creativo o lo que sentía ese día. Algunos días extrañaba a mi familia, a mis hijos. Entonces volvía al estudio y grababa durante dos horas, cenaba y continuaba grabando hasta la medianoche, para repetir el proceso a la mañana siguiente. Esa disciplina me permitió establecer límites y objetivos que me llevaron a experimentar y volverme loco en el buen sentido de la palabra”. Si bien sus primeras improvisaciones comenzaron a tomar forma como composiciones únicas, Moccio recordaba los rituales que vivió como monaguillo en la iglesia católica donde su madre era organista. “El catolicismo y la Iglesia y, lo que es más importante, la música eclesiástica influyeron en mi vida, mi arte, mi música”, afirma. Su constante sensibilidad espiritual se vio amplificada por la psicogeografía de Miraval, el lugar donde se encontraba un monasterio que había desaparecido hace mucho tiempo. “Aunque no buscaba integrar elementos de espiritualidad en la música, era imposible evitarlo porque estaba presente en el mundo que me rodeaba. Sentía que mi música era espiritual”. Su conexión con ese sitio se manifiesta en la atmósfera introspectiva de “Communion”, el tema más largo del álbum, y se filtra en sus reflexiones sobre el mundo natural en “Lavender Fields”, “The Sound of Snow” y “Soleil de Provence”. Legends, Myths and Lavender explora los disfraces que a menudo llevan quienes buscan el éxito en las artes creativas, abordando este tema en “Make-believe”. Stephan Moccio aprovechó su estancia en Miraval para despojarse de sus propias máscaras, planteando preguntas eternas en “You Can't Run From Yourself” y “The Unveiling” sin ofrecer respuestas definitivas. “Creamos nuestra propia mitología para sobrevivir a esta vida compleja y a nuestras propias versiones de las leyendas. A veces nos contamos mentiras. Sé que yo lo he hecho y luché mucho contra ello. De eso trata “You Can’t Run From Yourself”. Sin embargo, no he encontrado respuestas concretas sobre el sentido de la vida. Utilizamos estas cuatro palabras como un lema para el álbum: siente más, piensa menos. Espero que Legends, Myths and Lavender despierte ciertos sentimientos en las personas”.