

Quizás sea la mayor de las estrellas del country en el mejor momento del género desde el cambio de milenio, pero a sus 32 años Morgan Wallen recuerda bien cuando las cosas eran muy diferentes. “Once you get to know me, I’m a coyote in a field of wolves” (Cuando me conoces, soy un coyote en un campo de lobos), canta con su voz áspera en “I’m a Little Crazy”, la crónica de destilerías clandestinas y paranoia nocturna que cierra I’m the Problem, su cuarto álbum. En una conversación con Kelleigh Bannen de Apple Music, Wallen cita el verso como su favorito. “Ha habido momentos en mi vida en los que no me sentía bienvenido”, admite. “Eso es lo que significa el verso: ‘Ya sé que no me habéis invitado, pero aquí sigo comiendo’”. Desde que grabase 30 canciones para Dangerous: The Double Album en 2021, la naturaleza prolífica de Wallen se ha convertido en una estrategia ganadora. Dos años después, reunió 36 canciones en One Thing at a Time (ocho de ellas singles, entre ellas la inescapable “Last Night”) y batió el récord de semanas en el número 1 de la lista country de Billboard, hasta entonces en poder de Garth Brooks. Esta vez son 37 temas los que suenan a lo largo de casi dos horas que pasan como una tarde de verano en el porche con un cubo de cervezas heladas. Nadie crea himnos country tan contagiosos y aerodinámicos como los del cantante de Tennessee y sus colaboradores, aquí HARDY, Ernest Keith Smith, Charlie Handsome, Ashley Gorley y Joey Moi. No faltan las odas al whisky, las mujeres, el rancho y los pickups, pero los mejores momentos llegan cuando Wallen examina su conciencia con sorprendente sutileza en canciones como “Kick Myself”, una crónica de vicio y responsabilidad a ritmo de rock de raíces: “Nothing’s changed/In a way it’s getting way, way worse” (Nada ha cambiado/De alguna manera, está yendo a mucho peor), concluye después de dejar sus peores hábitos y darse cuenta de que los problemas no han desaparecido. Los temas de adicción y tentación continúan en “Genesis”, que Wallen escribió de forma diferente a la habitual. En lugar de comenzar por el estribillo, se puso el reto de convertir el primer libro de la Biblia en algo pegadizo y atractivo. “¿Cómo escribes una canción sobre el Génesis?”, se preguntaba. “¿Qué significado puede tener? ¿Cómo hacer que no sea un peñazo?”. Lejos de celebrar su fulgurante carrera con una vuelta triunfal, I’m the Problem está dominado por el desamor. A veces servido con picante, como en la incontenible “I Got Better”, pero más a menudo con el whisky y el arrepentimiento que acompaña a los singles “Lies Lies Lies” y “Just in Case”. “Hay muchas emociones en el álbum”, explica. “Normalmente, la felicidad no es la que mejor capturo”. Sin embargo, su centro de gravedad emocional está en “Superman”, la primera canción que le escribe a su hijo y una confesión de sus imperfecciones: “I don’t always save the day/But you know for you, I’ll always try” (No siempre puedo arreglarlo todo/Pero sabes que por ti siempre lo intentaré). “Estaba intentando plasmar muchas cosas diferentes”, dice de una letra profundamente personal. “No solo explicarle mis defectos, sino también darle consejos y decirle que siempre lo voy a proteger”. Al final, Wallen demuestra que hasta los ídolos del country tienen sentimientos muy parecidos a los del resto del mundo.