

Desde los primeros versos del tema que da título al disco, Eco sumerge a quien lo escuche en un universo de melodías introspectivas, sutiles arreglos electrónicos y la inconfundible voz de Jorge Drexler. Como es habitual en el uruguayo, la aparente sencillez de sus canciones esconde una capacidad de condensar ideas y sentimientos digna de los grandes maestros japoneses del haiku, y su cercanía emocional las conecta con las de gigantes como Silvio Rodríguez, Paul Simon o Caetano Veloso.