

Brick irrumpió en los 70 con un sonido tan original, que ni siquiera existía un término para nombrarle. El traer a cuestas dos estilos tan aparentemente lejanos como el disco y el jazz, resultó en una unión explosiva que originó una nueva forma de expresión musical a la que llamaron disco-jazz. Esa distinción ya nadie se las arrebataría. Su segundo álbum dance brilla por todos los motivos que se deben exigir a la excelencia de su género: bajos, guitarras, baterías, saxos y voces trabajando equilibradamente.