

Cuando Gustavo Cerati lanzó Bocanada, en junio de 1999, la expectativa de sus fans era inmensa pues, seis años atrás, la elegancia esotérica de Amor Amarillo ya había demostrado cómo sonaba el guitarrista argentino. Sin embargo, Bocanada era su primer disco como solista desde la ruptura de Soda Stereo. Lejos de decepcionar, este material se convirtió en un hito del rock latinoamericano que podía competir con Radiohead o The Verve y que, además, encontró a su creador en un pico de creatividad. En 1995, el último álbum de estudio de Soda Stereo, Sueño Stereo, reflejó la atracción de Cerati hacia los ritmos electrónicos y neopsicodélicos. Bocanada renovó esta apuesta con un trip-hop tan aristocrático como su contrapartida británica. El tema de apertura, “Tabú”, seduce con un collage carnavalesco de loops, propulsión de guitarras y la voz hipnótica, solemne y feliz de Cerati al reencontrarse con la mística del rock. Por otra parte, el track que da nombre al disco samplea a Focus, banda holandesa de rock progresivo, mientras que “Verbo Carne”, grabada en Londres con una orquesta, evoca la opulencia nostálgica de la música de James Bond. Todo en Bocanada es exquisito, incluso la portada con sus estrellitas azules y el perfil del cantante envuelto en humo de cigarro. Cerati volvió al rock visceral con Ahí Vamos y sintetizó su universo estético con Fuerza Natural antes de fallecer en 2014, a los 55 años. Bocanada es su lanzamiento más cosmopolita: un torrente de canciones hermosas que se zambulle de lleno en su propia melancolía. Una joya ecléctica y seminal del rock en español.