

Para abrir su álbum debut, Jorsshh ha decidido ser muy claro con su mensaje: esto no es un material conceptual o rebuscado, es una carta de presentación manifiesta donde va a hacer gala de sus habilidades.
Refrescándonos la memoria, decide inaugurar el tracklist de Ay Weyy con un “Intro” en forma de popurrí que incluye algunas de sus composiciones más notorias. Así aparecen algunos segundos de “DOS DÍAS” o “7-3” de los primos Laija, “LOKERON X AMOR” de Junior H, o “CHAMPAGNE” de Tito Double P, entre otros éxitos del género que nacieron de la pluma del cachanilla. A partir de ello, sin embargo, escuchamos 17 temas consecutivos donde la voz de Jorge Jiménez brilla ahora entonando sus composiciones, adueñándose por completo de su estilo y con el único propósito de mostrarse como un artista 360 que va más allá de la tinta.
Surgido de Street Mob Records, uno de los semilleros más notorios de la música mexicana actual, Jorsshh aterriza como un testamento más de la evolución natural del corrido: así como sucedió con el hip-hop y el trabajo de sus productores, ahora los compositores de corrido han dado un paso adelante para volverse proyecto y marca a la vez. En su caso, el salto se siente especialmente orgánico. Durante años escribió canciones que ayudaron a definir el sonido de una generación, llegando a su punto más alto en “ROSONES”, misma que decide incluir en el LP como un puente entre ambas facetas artísticas.
Esta decisión no parece casualidad, porque más que borrar su pasado decide encaminar su presente hacia la demostración de su propio sonido: uno donde las melodías, el minimalismo instrumental y la honestidad lírica se mezclan entre sí para llegar a diversas emociones. Hay algo demasiado intenso en “Taco el Flaco” junto a Neton Vega y Luis R Conriquez, pero también hay algo de desolador y fatalista en “Antes” con Calle 24. Juntes con la nueva escuela como en “Menonita” ft. LENCHO o en “Wandha” ft. Chuyin sacan a relucir la frescura de un género que permanece más que vivo.