

A principios de 2026, el rapero puertorriqueño Clarent, una de las promesas del rap puertorriqueño, ofreció un adelanto de su entonces inminente debut con el proyecto de 10 canciones No vuelve a suceder. Aquel proyecto de aproximadamente media hora sirvió como indicador de lo lejos que había llegado en apenas unos años, aprovechando sus colaboraciones con creadores de éxitos como Rauw Alejandro y Mora en un breve repertorio que ayudó a poner su propia sensibilidad artística en primer plano. Durante los nueve meses siguientes, continuó dando pistas de lo que se convertiría en NO PASA NADA HOMBRE con sencillos en solitario como la melódica pero contenida “Dime Baby” y la futurista “Buenas”, además de colaboraciones que impulsaron su perfil en álbumes de Omar Courtz y Young Miko. En su conjunto, el primer álbum de larga duración de Clarent logra un equilibrio extraordinario entre sus raíces en el hip-hop y su clara inclinación hacia sonidos más pensados para la pista de baile, manteniéndose sólido y coherente en todo momento. Una especie de simetría sonora une la euforia de “Granada” y de “Jukiar”, junto a Quevedo, con las pulsaciones de trap de “Get Back” y “Gra Gra Boom II”. Sus versiones progresivas del reggaetón apenas se apoyan en la nostalgia o en fórmulas probadas, como demuestra la mutación del perreo “Piso 30” con Cris MJ y YOVNGCHIMI. Incluso cuando se desvía hacia estilos aparentemente menos familiares como en la tropical “Lágrimas De Alegría”, lo hace con un toque totalmente ultramoderno. A medida que el álbum avanza hacia su final, las formas que elige tienden a difuminar las fronteras entre géneros, valorando el ambiente inmersivo de los bajos por encima de la seguridad del ritmo 4/4 en “Úsame” con De La Rose y optando por un tipo diferente de maximalismo en la más orgánica “No Pasa Nada Hombre”.