

El quinto álbum de Fontaines D.C., Dopamine Chamber, arranca con una sombría línea de bajo y sintetizadores intensos que dan paso a la voz grave y resonante del vocalista Grian Chatten. “Six Shot Morning” evoluciona lentamente hasta convertirse en una pieza futurista, inquietante y extrañamente cautivadora. Es una introducción envolvente que resume la atmósfera de Dopamine Chamber, un álbum que te atrapa desde el principio y no te suelta hasta el final. Tras el enorme éxito comercial de su disco Romance de 2024, Fontaines D.C. podría haber continuado en la línea de “Favourite”, el alegre tema de indie pop con el que cierra el álbum. Sin embargo, los dublineses optaron por un sonido más oscuro, inspirado en el miedo y la desilusión que provoca vivir en un mundo amenazado y ultratecnológico. Hay referencias a Silicon Valley y a un cielo que “crying on a beautiful world” (“Six Shot Morning”), así como al agotamiento de “living in a photograph” y de llevar una vida en la que nunca nos desconectamos (“Well, everybody’s depressed/We’re running on a wheel”, dice “Mimesis”). En “Marianne”, Chatten promete una vía de escape, aunque no parece que vaya a llevarte a un lugar mejor (“You should come and stay here, I can help you disappear”). Más adelante en el álbum, sugiere que el único lugar al que podemos acudir para sentirnos mejor es la “Dopamine chamber”, donde el objetivo es “Just tryna kill the pain”. Chatten ha contado que gran parte de su inspiración para escribir las letras surgió durante su estancia en Venecia, una ciudad amenazada por el cambio climático que se convirtió en una metáfora de un mundo en decadencia. Hasta aquí, todo muy deprimente. Sin embargo, aunque da la impresión de que no fue intencional, Dopamine Chamber ofrece un excelente antídoto contra la desesperanza ante el fin del mundo. Primero, porque la inteligencia artificial jamás podría crear música tan buena. Y segundo, porque todavía hay demasiada belleza en el mundo como para dejarse vencer por el pesimismo. Esa belleza se percibe a lo largo de todo el álbum, ya sea en la inmensidad de “Marianne”, la despedida llena de cariño de “Happy for You” o la voz suspirante de Chatten, acompañada de cuerdas y un final de sonidos envolventes en “One Man”. Y luego está “Where Is Gone?”, una colaboración sublime y cinematográfica con ROSALÍA, la primera de la banda, que se convierte en la joya del álbum. Si todo esto suena demasiado opulento, Fontaines D.C. también muestra su lado más atrevido en canciones como “Tongue”, cuyo sonido cambiante recuerda al de “Starburster”, de Romance. Y con el synth-pop ochentero de “Mimesis”, la banda demuestra que, incluso si el mundo se está acabando, todavía podemos divertirnos un poco. Resulta sorprendente que sólo hayan pasado siete años entre este álbum y su debut de 2019, Dogrel, en el que la banda exploraba la identidad irlandesa a través de un post-punk de honestidad brutal. Dopamine Chamber marca una nueva y audaz ruptura con sus orígenes y muestra a un quinteto cada vez más reconocido como la mejor banda de su generación. Sus integrantes son más ambiciosos que nunca, pero conservan la energía vibrante y contenida que ha dado tanta fuerza a cada lanzamiento de Fontaines D.C. Al mismo tiempo, el álbum revela lo que poco a poco se ha convertido en el arma secreta de la banda: una extraordinaria sensibilidad pop que hace que sus canciones se te metan bajo la piel (basta con intentar sacarte de la cabeza algunas de estas melodías y la inconfundible forma de cantar de Chatten). Desde que saltaron a la fama, la banda parece haberse propuesto superar todo lo que ha hecho anteriormente. En 2026, nadie más suena como ellos y, para cuando lancen su próximo álbum, probablemente ni siquiera Fontaines D.C. sonará igual. Nuestro momento favorito: el delicado solo de piano a mitad de “Tongue”, que contrasta a la perfección con la energía desenfadada y casi impredecible del resto de la canción y ofrece un respiro antes de su espectacular y frenético cierre.