

Cuando la humanidad comenzó a dispersarse sobre la faz de la tierra hace millones de años, sabían que ser nómada implica explorar lo desconocido y, con ello, tener que transformarse. Dejar atrás las certezas y adaptarse a nuevos horizontes.
Jasiel Nuñez siempre se ha considerado un nómada a su manera: huyendo de lo que le resulta conocido, para acercarse a estilos pocas veces explorados en el género. NÓMADA, su cuarto álbum de estudio, es quizás donde deja ver ese desprendimiento artístico de manera más notoria y entera.
Aunque el tapatío inició su carrera bajo el cobijo de Double P Records y del corrido como sonido insignia, ya desde su debut, LA ODISEA (2024), mostró momentos de búsqueda. Algunos esbozos de blues, EDM o hip-hop con los que ahora logra conectar de manera más segura. En “Bandido Estrella”, canaliza su faceta más rapera demostrando su capacidad para entregar barras. Y en “Suave” decide cambiar el mood del disco a través de un pulso enteramente electrónico, apuntando a convertirla en un himno de estadio.
De igual forma, decide abrir las puertas de su universo de par en par para recibir a voces invitadas de latitudes muy distintas. Ed Maverick aportando su sensibilidad folk a un corrido o Ximena Sariñana dándole un sentido más alternativo a un sierreño con sintetizadores. Paloma Mami y Alemán acercando a Jasiel a un mundo mucho más rítmico, y Rawayana o Leo Rizzi logrando exploraciones mucho más pop. Todas estas estrellas aparecen como un testamento de los caminos que el artista, ahora afincado en Madrid, busca recorrer.
“Las bendiciones caen del cielo / Champaña en el suelo, pues cumplí mi sueños”, canta el tapatío en “Madrid”, no como una simple celebración, sino como una forma de mostrar que su meta artística queda retratada justamente en este material: no busca reproducciones ni premios, busca horizontes. NÓMADA trata exactamente de eso: entender que la satisfacción puede estar en más de un mismo lugar.