

En la cocina japonesa, el término omakase significa dejarlo todo en las manos del chef. En este material, en vez de un menú fijo, Álvaro Díaz selecciona los mejores ingredientes de la temporada y los prepara frente a ti, como en un teppanyaki, en una sucesión de más de una decena de platos. A partir de ese título, en su álbum nos propone que confiemos en su proceso creativo, en sus decisiones artísticas y en la emoción que guarda cada sonido. Aquí, cada beat es una aventura que encuentra nuevos caminos y desvíos; cada letra es tanto una ventana a su alma como una celebración de los sueños que ya cumplió y un reconocimiento de su esfuerzo. Dos años después de SAYONARA (2024), las 16 canciones de OMAKASE presentan al puertorriqueño disfrutando de la confianza de su público para desplegar su libertad creativa. Como sugiere el título, este cantautor no sigue tendencias, pues atiende la mesa en sus propios términos. La primera canción, “SICHEF.”, es como un grito de guerra que se repite: “Ha pasado tiempo, sigo en la cocina”, rapea sobre una instrumental minimalista, que se asemeja al sonido de un cuchillo cayendo sobre una tabla. “Ha pasado tiempo y yo sigo aquí”, insiste. “Ya tenía el respeto, ahora tengo la bolsa”, añade. Este es el punto de partida: con más de cinco discos bajo el brazo, este artista dejó de ser un novato y ahora defiende su territorio. Así como los ingredientes se transforman, sus certezas también coexisten con algunas dudas que complejizan y enriquecen la atmósfera emocional del proyecto. En el cierre del material, “LAULTIMACENA.”, una guitarra acústica sirve como base contemplativa para Álvaro Díaz, quien recuerda lo que ha quedado atrás: “Ya ni sé qué día es / Sólo sé que extraño cómo era todo antes / Y daría lo que sea por volver”. Recuerda que de camino a la universidad pasaba por el Choli y, cuando dice que ya lo llenó dos veces, no suena como algo presumido, sino como si él también degustara el sabor que logró, maravillado. “PIENSO EN TI.” mezcla cumbia, reggaetón y electrónica sobre un beat mutable que sintetiza su espíritu ecléctico. Además, representa uno de los momentos más personales del disco, ya que fue su última colaboración con el mexicano Milkman, ícono del género urbano latino que falleció en febrero de 2026. Los ingredientes de OMAKASE atraviesan cuatro fases antes de convertirse en el plato principal: FORMA CRUDA, SAZONAR, TRANSFORMACIÓN POR FUEGO y SENTIMIENTO. Ninguna de estas etapas, claro, funciona sin las demás. De esta forma Álvaro Díaz lo enfatiza: este álbum es para escucharlo completo, para sumergirnos en él.