Daughter from Hell

Daughter from Hell

La cantautora lleva su pop emocional a un nuevo nivel en su tercer álbum.Oh well, look at my life” (Bueno, mira mi vida), canta Gracie Abrams en “Look at My Life”, uno de los temas de su tercer álbum, Daughter from Hell. “Bet you can’t tell but it’s kind of a bad time” (Seguro que no te lo parece, pero no es un buen momento). Y, sin embargo, cualquiera diría que todo le sonríe. Tras el enorme éxito de su álbum The Secret of Us en 2024, Abrams ha recibido el respaldo de grandes estrellas de la música, entre ellas Taylor Swift, que la invitó a participar en The Eras Tour y colaboró con ella en “us”, uno de los grandes éxitos de 2024 y por el que recibió una nominación al Grammy. Pero, como explica la propia artista a Apple Music, bajo la superficie las cosas pueden ser muy distintas. “Empecé a escribir ‘Look at My Life’ durante la gira de The Secret of Us”, cuenta. “Habla del contraste entre lo que ven los demás y lo que realmente sientes. De la culpa que aparece cuando lo estás pasando mal aunque, desde fuera, todo parezca perfecto. De sentir una inmensa gratitud y, al mismo tiempo, notar que te estás perdiendo un poco a ti misma”. Musicalmente, “Look at My Life” es uno de los temas más rítmicos y electrónicos de Daughter from Hell. En el resto del álbum, Abrams vuelve a apoyarse en los arreglos cálidos y orgánicos de su colaborador habitual, Aaron Dessner, con su frágil voz como hilo conductor. En los créditos también figuran Justin Vernon, de Bon Iver, el productor Dan Nigro y Paul Mescal, pareja de Abrams y coautor de “Imaginary Friend”. Si, como dice ella misma, “el álbum oscila entre temas más tradicionales de un sonido más folk y otros algo más modernos”, la canción “What If It’s Right?”, con Marcus Mumford, representaría a la perfección esa primera vertiente, mientras que “Hit the Wall” encarnaría la segunda (aunque, en nuestra opinión, “Minibar”, compuesta junto a su mejor amiga Audrey Hobert, también sería una firme candidata). Las canciones tratan temas como el desamor, la traición, el arrepentimiento, esa extraña sensación de desenamorarse sin saber muy bien por qué (como la sutilmente devastadora “Good Reason”, que recuerda a “Fade into You” de Mazzy Star) y la ilusión de encontrar a alguien que sea justo lo que necesitas (la dulce y titubeante “Afflictions”). Las letras están atravesadas por una intensa carga emocional, como en “Broke My Heart”, cuando canta “I’m gonna carry the pain/For my whole life” (Cargaré con este dolor toda mi vida). En sus versos también aparecen fantasmas del pasado y, curiosamente, muchos cuchillos. Pero Abrams también sabe reírse de sí misma, como cuando canta “Is my façade crumbling?/Oh God, don’t actually answer me, Caroline” (¿Se me está cayendo la careta? Oh Dios, mejor no me respondas, Caroline). Es un poco melodramática, pero lo asume con humor. Abrams atribuye gran parte del proceso creativo al sentido de comunidad y a la estabilidad que le proporcionó poder escribir el álbum en un mismo lugar tras finalizar la gira. “Nunca había compuesto un disco así”, recuerda. “Me emocionaba la sencillez de esa rutina cotidiana”. Además, la artista considera que estas canciones reflejan “la perspectiva que he ganado con los años, ahora que ya tengo veintitantos”. Todo ello queda especialmente patente en el tema que da título al álbum, un guiño a la adolescente complicada que asegura haber sido. En “Daughter from Hell” ajusta cuentas con la relación que mantuvo durante años con su madre, una figura con la que no siempre le resultó fácil entenderse, pero cuyas cualidades espera llegar a heredar. “Daughter from hell, but I came around/I’ll try to become you now” (Hija del infierno, pero entré en razón/Ahora intentaré ser como tú), canta en este verso que, según ella, resume a la perfección el espíritu del disco. “Habla de evolución, pero también de ese miedo a no llegar a ser nunca la mujer que es mi madre”, confiesa. “Esa letra siempre significará mucho para mí”.