

Desde que saltó a la fama con “CAN’T SAY”, uno de los temas destacados de ASTROWORLD de Travis Scott, Don Toliver se ha impulsado hacia el mainstream del hip-hop con un estilo melódico que difumina de forma deliberada y eficaz los límites entre el rap y el R&B. Tras su etapa rockera en HARDSTONE PSYCHO (2024), el rapero de Houston regresa aproximadamente un año y medio más tarde con un disco que amplía esa apuesta visual y sonora, sin dejar de lado el sonido ultramoderno que lleva media década perfeccionando. Abre OCTANE con “E85”, un tema de funk rock de tono saturado al estilo de The Isley Brothers que pronto se reinventa en una versión más maximalista. Con una energía aparentemente imparable, enumera conquistas románticas y carnales con soltura en cortes acelerados como “Gemstone” y “Rendezvous”. En continuidad con la devoción por The Neptunes que ya se escuchaba en el sencillo “ATTITUDE” de HARDSTONE, toma prestado de “Rock Your Body” de Justin Timberlake para el provocador “Body”, y de una tradición musical sureña más amplia para el cierre etílico y hedonista “Sweet Home”. Sin embargo, cuando levanta el pie del acelerador, ofrece momentos igual de contundentes, como el erótico “Tuition”, el evocador “Tiramisu” y el sacrílego “Rosary”. Y aun cuando Toliver avanza a toda velocidad, con desplantes de brillo y destreza de sobra, se enfrenta a pensamientos de duda y anhelo, evidentes en baladas trap de tono melancólico como “Long Way to Calabasas” y “TMU”. Pero estos dilemas complejos forman parte del territorio del estilo de vida audaz que canta y rapea con tanta soltura, uno del que se muestra prácticamente sin remordimientos en “Pleasure’s Mine” y con una conciencia mucho más marcada en “All the Signs”.