

Guía de música de videojuegos
Desde los primeros sonidos electrónicos hasta épicas composiciones orquestales, la música de los videojuegos ha recorrido un camino impresionante para consolidarse como un género popular por derecho propio. En esta guía, te invitamos a descubrir las bandas sonoras más emblemáticas, las mezclas de géneros más sorprendentes y a los compositores que llevan los límites técnicos y sonoros de este fascinante universo a un nuevo nivel.
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Imagina sembrar el caos en Grand Theft Auto, con la adrenalina a tope y luchando por sobrevivir. Ahora piensa en jugar a ese mismo título o a cualquier otro en un silencio absoluto, casi monástico. El mundo de los videojuegos se vendría abajo sin ese poder emocional único que aportan las bandas sonoras, esa música que en un instante pasa del fondo al primer plano y acelera el latido de los jugadores. Los videojuegos tipo arcade y las consolas domésticas que aparecieron a principios de los 70 contaban con un sonido muy básico. No fue hasta finales de esa década cuando llegaron los generadores de sonido programables, que permitieron a juegos como Space Invaders (1978) tener la primera pista de fondo continua: un bucle de cuatro notas descendentes. Este avance dio vida también a las bandas sonoras “chiptune” que acompañaron a otros grandes clásicos de esa edad de oro, como Pac-Man (1980) y Donkey Kong (1981). La demanda de consolas en los años 80 impulsó rápidos avances en la tecnología de sonido digital y dio lugar a bandas sonoras más adecuadas para la intimidad del hogar que para el bullicio de los salones recreativos. Con una capacidad de datos limitada, los compositores hicieron maravillas para extraer timbres ricos y complejos gracias a una nueva generación de chips de sonido. Koji Kondo, una leyenda de la música para videojuegos, subió el listón en 1985 con su tema sincopado de Super Mario Bros. Esto abrió camino a Koichi Sugiyama y su banda sonora clásica para Dragon Quest (1986), a las pegadizas melodías de Nobuo Uematsu para Final Fantasy (1987) y a las atronadoras líneas de bajo electrónicas de Sonic the Hedgehog 3 (1994), con composiciones no acreditadas de Michael Jackson. La partitura de Yasunori Mitsuda para Chrono Trigger (1995) está considerada como una de las mejores bandas sonoras chiptune. La incorporación de unidades de CD-ROM a las consolas a finales de los 80 abrió un mundo nuevo para la música de videojuegos. La banda sonora original de Dark Wizard (1993) aprovechó al máximo esta tecnología y se considera que fue la primera en emplear una orquesta sinfónica completa, en este caso, la Tokyo Sonic Orchestra. A mediados de los 90, el impacto emocional de la música dio un salto gracias a las consolas con audio en formato CD. Ejemplos como la inquietante mezcla coral y orquestal de la banda sonora de Tomb Raider (1996) de Nathan McCree y el icónico tema principal de Metal Gear Solid (1998) de Tappi Iwase demostraron el enorme potencial que estaba alcanzando la música en este medio. Harry Gregson-Williams, que ya era una estrella emergente en Hollywood, se encargó de coescribir la música de Metal Gear Solid 2: Sons of Liberty (2001), mientras que Hans Zimmer canalizó su experiencia cinematográfica en el tema principal de Call of Duty: Modern Warfare 2 (2009). Joe Hisaishi, colaborador incondicional del Studio Ghibli, ha creado épicas bandas sonoras sinfónicas para videojuegos. Sus composiciones para Ni no Kuni: Wrath of the White Witch (2010) se consideran una de las mejores bandas sonoras orquestales de videojuegos, junto con la apasionante música de The Elder Scrolls V: Skyrim (2011) de Jeremy Soule y el melodioso lirismo de la partitura de Genshin Impact que Yu-Peng Chen compuso en 2020 durante su etapa en el estudio musical HOYO-MiX. “Genshin Impact utilizó la orquestación clásica”, explicó Chen a Apple Music Classical en 2025. “El objetivo real era que colaborase en la difusión global del juego. Los conceptos de diseño del juego fusionaban elementos de diversas partes del planeta”. Si hablamos de intensificar la conexión emocional en los videojuegos, no podemos olvidarnos de ciertas bandas sonoras imprescindibles. La atmósfera oscura y envolvente que Jesper Kyd creó para Assassin’s Creed II (2009) marcó un antes y un después. A este trabajo se suman los sonidos grandiosos y sinfónicos de Grant Kirkhope en Kingdoms of Amalur: Reckoning (2012), la música de tonos sombríos de Sarah Schachner para Call of Duty: Modern Warfare (2019) y la potente banda sonora de Alan Wake II (2023) compuesta por Petri Alanko. Estas obras evidencian hasta dónde ha llegado la música de videojuegos desde la época dorada de Pac-Man.
Música que cambió las reglas del juego
Cada avance en la tecnología de los videojuegos ha impulsado también una gran evolución creativa. La experiencia cinematográfica de World of Warcraft: Wrath of the Lich King (2008), por ejemplo, contó con una épica banda sonora creada por Neal Acree y Jason Hayes. Y las composiciones de Marcin Przybyłowicz para The Witcher y Cyberpunk 2077 destacan por su atmósfera envolvente y profunda. No obstante, hay innumerables maneras de dar vida a un juego. El uso de canciones sencillas, perfectamente ubicadas dentro del arco de un juego, puede resultar tan memorable como una gran banda sonora. “Far Away” de José González, por ejemplo, captura la soledad existencial de John Marston, el protagonista principal de Red Dead Redemption (2010), cuando entra en el árido paisaje de México. La banda sonora de inspiración folclórica de Jessica Curry para Everybody's Gone to the Rapture (2015) logra combinar una sensación inquietante y la familiaridad hogareña de un remoto pueblo inglés, más evidente que nunca en la canción “The Mourning Tree”. Usar canciones que ya existen con la pertinente licencia no es nada nuevo, se remonta a las versiones “chiptune” de temas de la banda de rock Journey utilizadas en Journey Escape (1982). La música con licencia se ha utilizado para amenizar las emisoras de radio de los coches en Grand Theft Auto III (2001). También Untitled Goose Game (2019), una traviesa mezcla de rompecabezas de sigilo y anarquía aviar, nos hechiza con fragmentos de los Préludes del compositor impresionista francés Claude Debussy, reimaginados por el compositor australiano Dan Golding. Por último, destacan los iconos del pop y el rock que han participado en colaboraciones de juegos de alto nivel. Michael Jackson's Moonwalker (1990), que incluye versiones sintetizadas de los éxitos de Bad y Thriller, sentó el precedente para que otros grandes artistas le siguieran. Ninguno fue más grande que David Bowie, que coescribió 10 canciones originales para The Nomad Soul (1999), o Paul McCartney, que escribió “Hope for the Future” para Destiny (2014).
Himnos de arcade
La música de los videojuegos nos ha regalado un montón de canciones clásicas, melodías pegadizas y composiciones icónicas. El hipnótico tema de Tetris (1984) dio a conocer a millones de personas la popular canción rusa del siglo XIX “Korobeiniki”, y la convirtió en un fenómeno cultural a nivel mundial. Los temas de Kondo para Super Mario Bros., The Legend of Zelda (1986) (este último un sustituto de última hora del Boléro de Ravel) y “Pigstep” de Lena Raine para Minecraft: Nether Update (2020), muestran lo pegadiza que puede ser la música de los videojuegos. También hay otras canciones que se han hecho famosas por sí mismas. La agridulce “Still Alive”, que suena en los créditos finales de Portal (2007), estuvo disponible como tema en varios juegos de Rock Band. La vibrante “Megalovania” de Toby Fox, del juego independiente Undertale (2015), alcanzó una audiencia impresionante en 2022. El tema “On the Beach” de Caroline Polachek, originalmente una demo rechazada para su álbum Pang de 2019, conquistó tanto a la crítica como al público tras debutar en Death Stranding 2: On the Beach (2025). Y la poderosa balada “Weight of the World”, de NieR:Automata (2017), es ahora el elemento central de la exitosa serie mundial de conciertos orquestales en directo de NieR. Por otro lado, los diseñadores de sonido, piezas clave en el desarrollo de videojuegos, han ayudado a llevar canciones ya existentes a un público mucho más amplio. Kate Bush se convirtió en toda una estrella del mundo gamer cuando su música apareció en Grand Theft Auto: Vice City. Su tema “Wow” ganó popularidad tras incluirse en la playlist de la emisora de radio ficticia Emotion 98.3 del juego. Y la saga FIFA ha llevado varias canciones a la categoría de éxitos, como “Jerk It Out” de Caesars, que sonó en FIFA Football 2004, o “Heat Waves” de Glass Animals, de FIFA 21, que se ha convertido en la canción más escuchada de toda la franquicia. Los compositores clásicos también han ganado fans gracias a las bandas sonoras de videojuegos. Christopher Tin, por ejemplo, fue reconocido internacionalmente por “Baba Yetu”, de Civilization IV (2005), la primera pieza musical de un videojuego en ganar un Grammy, antes de lanzar una serie de álbumes de estudio de gran repercusión. Incluso superestrellas globales como Ariana Grande, Lady Gaga, Katy Perry, Lil Nas X y Travis Scott han aumentado su número de seguidores gracias a su presencia en videojuegos, y muchos otros artistas y bandas han tenido un papel destacado en las distintas ediciones de juegos musicales como Guitar Hero y Rock Band. Desde que se lanzó en 1999, la serie Tony Hawk’s Pro Skater ha presentado a las nuevas generaciones grandes bandas punk como Dead Kennedys, Circle Jerks, Black Flag y Goldfinger. “Esa era la música que escuchaba cuando era joven, el sonido del parque de skate”, contó Hawk en abril de 2025 en Young Money Radio, de Apple Music 1. “Así que, cuando tuve la oportunidad de hacer un juego, pensé: ‘Vamos a meter toda esta música ahí’”.
De la consola al concierto
La música clásica se coló en la historia de los videojuegos tipo arcade con Sobre las Olas (Over the Waves), de Juventino Rosas, que sirvió como banda sonora “chiptune” para Carnival (1980). También hizo su aparición en la música inspirada en J. S. Bach, creada por Kinuyo Yamashita para Castlevania (1986). Desde entonces, este género nos ha dejado piezas inolvidables, como A Night on the Bare Mountain, de Mussorgsky, que eleva la batalla de Riku contra Chernabog en Kingdom Hearts 3D: Dream Drop Distance (2012), y el Requiem de Mozart, que despierta emociones intensas en BioShock Infinite (2013). La música de los videojuegos también ha encontrado su lugar en las salas de concierto gracias a solistas y conjuntos pioneros como la Filarmónica de Londres, la Royal Philharmonic, la Filarmónica de Shanghái y la Orquesta Sinfónica Nacional de Dinamarca. El violinista Ray Chen comentó en 2024, durante el programa Classical Connections Radio de Apple Music Radio, que “no hace falta ser gamer para que te gusten los videojuegos. Por supuesto, la gente piensa en las consolas, pero se ha llegado a un punto en el que los videojuegos también son un estilo de vida”. El álbum Player 1, de Chen, incluye un seductor arreglo para violín y orquesta del tema principal de The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom y “Pallet Town” de Pokémon Red. Su compañera violinista, Angèle Dubeau, junto a su banda de cuerda La Pietà, han llevado de gira temas de su álbum Game Music. Mientras tanto, Lang Lang ha participado en la banda sonora de Gran Turismo 5 (2010) y ha acercado al público clásico a virtuosas transcripciones para piano de “Lovers’ Oath” de Genshin Impact y “To Zanarkand” de Final Fantasy X. Por último, en 1986, con la llegada del primer Dragon Quest, su compositor Sugiyama creó una suite orquestal basándose en su música, que terminó por convertirse en un gran éxito.
Subiendo de nivel
La calidad de sonido cinematográfica, gracias a tecnologías avanzadas como Dolby Atmos y DTS:X, se ha convertido en un estándar en las consolas de videojuegos domésticas. Los paisajes sonoros hiperrealistas y las bandas sonoras que se adaptan en tiempo real al comportamiento y las emociones del jugador han dejado atrás los clásicos pitidos y sonidos electrónicos de Pong (1972), aquel inolvidable éxito de las primeras consolas. Este tipo de sonido envolvente es fundamental en juegos como Alan Wake II y Cyberpunk 2077 , así como en la banda sonora de Olivier Deriviere para el juego de terror medieval A Plague Tale: Requiem (2022). Los diseñadores de sonido y compositores han desarrollado sofisticados procesos creativos, respaldados por importantes inversiones y creciente investigación académica. Así, las grandes tendencias apuntan hacia la música adaptativa, que modifica la partitura en tiempo real. Este concepto tiene su origen en el “chiptune” de cuatro notas que se aceleraba cuando los alienígenas se acercaban en Space Invaders . Las orquestaciones y capas sonoras que se sincronizan con los eventos en pantalla, como en Dead Space 2 (2011), Doom (2016) y No Man’s Sky: Journeys (2025), muestran la evolución imparable de este medio. Los algoritmos son la esencia del audio procedural, que genera efectos de sonido en el momento exacto, y también de su versión musical generativa. Esta última puede crear universos musicales infinitos, interactuando con la experiencia emocional del jugador, ensamblando fragmentos o “ramas“ diseñadas para encajar a la perfección. La música de Lena Raine para Celeste (2018) no solo influyó en el diseño del juego, sino que se integra con su jugabilidad: su banda sonora usa instrumentos específicos para personajes, emplea motivos musicales para reflejar diferentes estados del juego y motiva a los jugadores a superar niveles. Frente a la creciente complejidad de los videojuegos, los compositores han empezado a usar inteligencia artificial para generar una variedad ilimitada de música de fondo y paisajes sonoros dinámicos e impredecibles. Al mismo tiempo, la nostalgia ha funcionado como una aliada para transportar a jugadores veteranos a la era del “chiptune, con ejemplos brillantes como la banda sonora de Shovel Knight , de Jake Kaufman (2014), y la música de Toby Fox para Undertale .