Guía de Natalia Lafourcade

Natalia Lafourcade es una artista esencial para entender el folclore latinoamericano del siglo XXI. La artista ha dado forma a lo largo de las dos últimas décadas a una singular discografía que integra la música de sus raíces en unas composiciones sumamente emotivas y personales. Esta es la historia de su carrera y su vasto legado musical.

El fulgor de la libertad

Natalia Lafourcade tenía apenas 18 años cuando lanzó en 2002 su álbum debut, Natalia Lafourcade, un trabajo que no tardó en consolidarla como una de las figuras clave de la escena alternativa latinoamericana gracias a la arrolladora energía de éxitos como “Busca Un Problema” o “En El 2000”. “Recuerdo con mucho cariño ese disco”, le cuenta a Apple Music. “Aún no tenía ni idea de muchas cosas, pero creo que las canciones son auténticas. Viéndolo en retrospectiva, noto que mis ganas de tomar las riendas estuvieron ahí desde el principio. No se trataba tanto de pensar como de hacer. Tiendo a seguir adelante con mis proyectos sin sobreanalizarlos”. Ya en su primera referencia discográfica, Lafourcade dio muestras de su enorme habilidad a la hora de componer canciones imperecederas, marcadas por su desenfadada actitud y por un sonido que se nutría por igual de la bossa nova, el rock y el pop con tintes de jazz. Difícil de encasillar en un único género, su música siempre se ha mostrado expansiva y trascendental. “Para algunos, era demasiado fresa y no tenía nada que ver con el rock, mientras que a otros les sonaba demasiado alternativa”, recuerda. “Creo que ni yo misma sabía lo que era. Buscaba refinar una mezcla de jazz, electrónica y folk. Quería sentirme alternativa, pero también que mis canciones sonaran en la radio”. Tres años más tarde vio la luz Casa, álbum que la unió a una banda clave en su evolución, La Forquetina, y en el cual dio rienda suelta a su perfil más afilado y provocador con cortes como su ardiente versión del bolero “Piel Canela” o su lúdica lectura del clásico de la bossa nova “O Pato (El Pato)”. “Todo puede influir en mi manera de componer y dar forma a los arreglos”, explica. “La geografía, la comida, la gente que me rodea. En el disco con La Forquetina hubo muchos elementos como parte de la ecuación: las influencias musicales de mis compañeros de banda, los discos que escuchábamos, todo lo que aspirábamos a ser”.

La metamorfosis

Después de alcanzar el éxito a tan temprana edad, Lafourcade decidió seguir explorando nuevos sonidos. “A veces me aburro o me siento demasiado cómoda, y es entonces cuando sé que necesito cambiar”, explica. Publicado en 2009, Hu Hu Hu fue un trabajo más introspectivo, con exuberantes arreglos en temas como “Ella Es Bonita” o el que dio título al álbum, un dueto con Julieta Venegas. “Sentía la necesidad de dejar que mi música volara”, recuerda. “Nos fuimos a una casa con mis dos productores y la llenamos de instrumentos rarísimos: marimbas, xilófonos, pedales de sintetizador… Metimos cualquier cosa con la que pudiéramos hacer ruido en esa casa, que además estaba embrujada. Más de una vez nos llevamos un buen susto”. Este periodo de transformación fue también el de los primeros homenajes de Lafourcade al cancionero latinoamericano. En 2012, Mujer Divina rindió tributo a la obra de Agustín Lara con colaboraciones de lujo como las de Adrián Dárgelos de Babasónicos (“Mujer Divina”), Devendra Banhart (“Amor, Amor de Mis Amores”) o el español Miguel Bosé (“Si No Pueden Quererte”). “Descubrí que tenía una voz propia y que las canciones de Agustín Lara suponían para mí un nuevo reto”, asegura. “Era un universo distinto, que me ayudó a comprender que la riqueza de una canción reside en estructuras musicales que evocan otras músicas. Fue entonces cuando me propuse ser como él y conocer mejor la música de México”.

Alquimia folclórica

Con Hasta la Raíz (2015), la creatividad de Lafourcade alcanzó su punto álgido. El álbum no solo expandió sus propias fronteras sonoras, sino que también trazó un nuevo camino para toda la música latinoamericana contemporánea. Su pulcro y refinado sonido y su fusión de elementos folclóricos, armonías de jazz y espíritu alternativo resultaban irresistibles en canciones como “Nunca Es Suficiente” o “Lo Que Construimos”. A sus 31 años, Lafourcade se había convertido ya en una figura clave de la música del siglo XXI. Entre 2017 y 2018 vieron la luz los dos volúmenes de Musas, un emotivo tributo al folclore latinoamericano que grabó junto al dúo de guitarristas Los Macorinos y que le sirvió para hacer una pausa en su intensa y frenética actividad creativa. “Quise construir un mundo musical con Los Macorinos”, explica. “Antes de empezar, les dije a mis productores que no quería sintetizadores ni guitarras eléctricas, solo madera. Nos fuimos a un estudio en el desierto de Los Leones donde todo era madera, desde el suelo y el techo hasta las vigas. Eso nos ayudó a sumergirnos en ese ambiente”. Sin imaginar siquiera el éxito comercial que llegarían a tener estos discos, Lafourcade asumió que su discográfica no apostaría por esta nueva dirección. “Hice ese álbum casi en secreto”, confiesa. “Nadie me dijo que fuera por ese camino”.

Un nuevo ciclo

En 2019, Lafourcade quiso aprovechar su popularidad para contribuir al cambio social y organizó un concierto benéfico para ayudar a la restauración del Centro de Documentación del Son Jarocho en Jáltipan de Morelos, dañado por un terremoto. Ese concierto se convirtió en los dos volúmenes de Un Canto por México, álbumes en los que sus propias composiciones se entrelazan con clásicos atemporales como “Veracruz” o “Cien Años”, esta última a dúo con Pepe Aguilar. “Fuimos muchos los que colaboramos en la reconstrucción”, relata. “Todo ese proceso me hizo entender la importancia de preservar la cultura”. Tras siete años sin lanzar un álbum con canciones originales, Lafourcade sintió la necesidad de reconectar con su esencia creativa. Inspirada por la pintura impresionista francesa, decidió grabar De Todas las Flores (2022) en un estudio en Texas, con una banda en directo y cinta analógica. El resultado fue un álbum hipnótico y espiritual, impregnado de belleza y melancolía. Canciones como “El lugar correcto” o “Canta la arena” celebran la plena vigencia de las raíces musicales latinoamericanas, desde el son jarocho y la cumbia hasta el bolero y la bossa nova. “Es un álbum que no solo refleja mi universo musical, sino también el mundo de posibilidades que tengo ante mí”, afirma Lafourcade. “Mi mayor ambición es encontrar algo que me estremezca por completo, que me erice la piel y me levante de la silla con ganas de seguir haciendo música. Para mí, esa es la mejor definición del éxito”.