

La historia de Eurovisión en 20 canciones
Reconocida oficialmente como la primera competición musical de alcance internacional que se retransmite anualmente, el Festival de la Canción de Eurovisión es el mayor evento en directo del mundo fuera del deporte. Este año, la anfitriona de la final será Suiza, actual campeona, que además celebra los cincuenta años de su primera victoria, cuando ABBA conquistó el continente con “Waterloo”. Aquí, te llevamos por la historia extraordinaria de la celebración de la música, la diversidad cultural y la irreverencia más popular que existe.
Una constelación de estrellas
Concebido originalmente por la recién establecida Unión Europea de Radiodifusión en 1955 como audaz experimento de retransmisión internacional, el Festival de la Canción de Eurovisión celebró su primera edición en Suiza, el 24 de mayo del año siguiente. Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Suiza fueron los primeros participantes de lo que entonces se bautizó con el nombre de Grand Prix Eurovision de la Chanson Européenne. La primera retransmisión llegó a solo 10 países, pero en los años siguientes, y ya bajo su nombre actual, el festival se expandió hasta abarcar 52, con una producción de más de 1.700 canciones y algunos de los momentos más inspiradores, memorables y en ocasiones extravagantes de la historia de la música moderna. Aunque Eurovisión evita las connotaciones políticas, las relaciones internacionales ejercen una influencia inevitable en las canciones que cada país elige para otorgar sus douze points o 12 puntos, la máxima puntuación posible. Con el tiempo, el público ha hecho suyas las rivalidades y alianzas entre naciones que son parte intrínseca de su atractivo. En 1965 la audiencia ya superaba los 150 millones de espectadores, y el festival ha servido desde entonces de trampolín a la fama para algunas de las mayores estrellas del mundo. La de ABBA quizás sea la más notable de todas sus historias de éxito. Prácticamente desconocidos hasta que se alzaron con el primer puesto gracias a la efervescente “Waterloo” en 1974, los suecos se convirtieron en uno de los grupos más populares de todos los tiempos, con un legado que incluye un museo, un musical de largo recorrido y sus innovadores conciertos virtuales de los últimos tiempos. El concurso también atrajo a artistas consagrados, como Toto Cutugno, el maestro del pop italiano que sorprendió a todo el mundo en 1990 al obtener el primer puesto con “Insieme: 1992”, una balada que celebra la Unión Europea. Más adelante, el festival tuvo un efecto casi instantáneo en la carrera de la canadiense Céline Dion, que ganó la edición de 1988 como representante de Suiza con la evocadora balada “Ne partez pas sans moi”, su pasaporte a la fama internacional. Las fronteras del festival siempre han sido flexibles, con participaciones de Israel, Marruecos y Australia en distintos momentos, y artistas de cualquier nacionalidad pueden representar a cualquiera de los países concursantes, algo que nos ha dejado apariciones sorprendentes de figuras consagradas. En 2021, Senhit, representante de San Marino, quedó en vigésimo segunda posición con “Adrenalina”, una colaboración con el rapero estadounidense Flo Rida, que se unió a la italiana en el escenario durante la interpretación final en Rotterdam. Aunque no garantizan nada, las caras famosas pueden ayudar a los países a cosechar votos, especialmente los del público.
En lo alto de la clasificación
Las 67 ediciones de Eurovisión han coronado a 70 ganadores (la edición de 1969 terminó con un cuádruple empate entre el Reino Unido, España, Francia y Países Bajos) y algunas de sus actuaciones forman hoy parte de la memoria colectiva. El cantante y compositor irlandés Johnny Logan hizo historia en 1987 con la desgarradora balada “Hold Me Now”, que lo convirtió en el primer artista en ganar el festival dos veces después de que hubiera triunfado ocho antes gracias a “What’s Another Year”. En 1992 escribió “Why Me?” para Linda Martin, que obtuvo la cuarta de las siete victorias irlandesas hasta hoy. Ningún país consiguió igualar la marca hasta la victoria sueca de 2023, que además supuso la segunda de su representante, Loreen. Es probable que otros países tarden en alcanzar a Irlanda y Suecia (Francia, Luxemburgo, Países Bajos y Reino Unido están empatados a cinco triunfos), pero quedan muchos récords por batir. Cuando Duncan Lawrence representó a Países Bajos en 2019 con la arrolladora balada pop “Arcade”, su victoria fue solo el primer paso de un fenómeno imparable. Un año después, la canción se hizo viral en las redes sociales y, en 2021, se convirtió en la primera canción de Eurovisión en llegar a las mil millones de escuchas. Sin embargo, las estrellas de Eurovisión brillan más allá de los fríos datos. Algunas alcanzan una relevancia cultural que rebasa los confines de la música, como fue el caso de “Rise Like a Phoenix”, que dio la victoria a Austria en 2014 e hizo de la drag queen con barba Conchita Wurst un símbolo de los avances en la lucha por la igualdad de la comunidad LGTBIQ+. Otras, como la banda de rock finlandesa Lordi, capturan la imaginación del público por su singularidad: una combinación de guitarras rugientes, vestuario monstruoso y deslumbrante pirotecnia que convirtió su interpretación de “Hard Rock Hallelujah” en uno de los momentos más memorables de Eurovisión.
Lo estrafalario y lo inolvidable
La excentricidad es parte esencial del ADN de Eurovisión. Por cada tierna balada y rompepistas arrebatador, hay al menos una desconcertante incursión en el terreno de lo insólito. En la edición de 2008, el francés Sébastien Tellier salió al escenario conduciendo un buggy de golf, con un globo del que inhalaba helio para modificar su voz. Un grupo de coristas disfrazados como la estrella completaban el cuadro. Desafortunadamente, John Morrison y su marioneta irlandesa, el pavo Dustin, no consiguieron clasificarse para la final del mismo año. Sin embargo, su interpretación de “Irelande Douze Pointe” en la semifinal dejó al público serbio boquiabierto cuando Dustin apareció bajo los focos subido a un carrito de la compra decorado con banderas irlandesas. La sorpresa pronto se tradujo en abucheos. Las voces críticas también se hicieron sentir cuando, en 2014, los polacos Donatan & Cleo se presentaron acompañados de bailarinas vestidas al modo tradicional, una de las cuales batía mantequilla sobre el escenario. En su momento causó cierta polémica, pero en la edición de 2023, con el Reino Unido como anfitrión en nombre de Ucrania, la estrella televisiva Mel Giedroyc recreó el momento para regocijo del público mientras Hannah Waddingham presentaba. En paralelo a sus momentos más escandalosos, Eurovisión nos ha dejado otros profundamente inspiradores. Ni siquiera una pandemia global pudo contener el encanto de “Think About Things” del islandés Daði Freyr, una de las favoritas para alzarse con el primer puesto en la primera, y esperamos que última, ocasión en la que los organizadores se vieron obligados a cancelar el festival. Aun así, la canción fue uno de los grandes fenómenos virales del confinamiento gracias a un baile inspirado en su peculiar coreografía.
Los éxitos de Eurovisión
En general, Eurovisión forma una burbuja que se ha convertido en su propio género, pero muchas de sus canciones han trascendido el evento para convertirse en éxitos por derecho propio. Por ejemplo, “Satellite” de Lena Meyer-Landrut, la ganadora alemana de 2010, llegó a vender un millón de copias en todo el continente. Los elogios de la crítica hacia Loreen, la primera mujer que ganó el festival dos veces (en 2012 con la bailable “Euphoria” y once años después con la carta de amor “Tattoo”) se han traducido en récords comerciales para la estrella sueca. En otras ocasiones, ha habido canciones que han encontrado un público más allá de las fronteras europeas. Domenico Modugno, el representante italiano en 1958, solo alcanzó el tercer lugar en la competición, pero “Nel Blu Dipinto Di Blu” llegó a lo más alto de las listas estadounidenses, convirtiéndose en uno de los éxitos más internacionales de Eurovisión. El año siguiente, Modugno ganó el premio al disco del año y la canción del año en la primera edición de los Grammy. Más conocida como “Volare”, la canción ha sido grabada por artistas tan diversos como Dean Martin, David Bowie o los Gipsy Kings. En 2021, Italia encontró nuevos embajadores globales en la banda de rock Måneskin y su himno rebelde “ZITTI E BUONI”, que ha llevado a sus creadores a escenarios internacionales como los de Coachella o Glastonbury y a ocupar un lugar de honor en los Grammy de 2023, donde fueron nominados a mejor artista nuevo.
La música que nos une
Desde sus primeras ediciones, Eurovisión ha cambiado la suerte de innumerables artistas, pero el verdadero poder del festival reside en su singular capacidad para unir al mundo alrededor de la música durante una semana, año a año. Los valores de inclusión y diversidad establecidos por la organización han acercado el concurso a todo tipo de grupos marginados, especialmente la comunidad queer, que celebró los primeros guiños de aceptación en 1961, cuando Jean-Claude Pascal ganó en representación de Luxemburgo con “Nous les amoureux”. La letra de la canción, una carta de amor imposible, era cuidadosamente ambigua, pero Pascal, obligado a ocultar su verdadera sexualidad por la presión social de la época, reveló más adelante que estaba inspirada en una relación entre dos hombres. Habría un nuevo triunfo gay, el de Katrina and the Waves para el Reino Unido en 1997, antes de que la representante israelí Dana International se convirtiera en 1998 en la primera ganadora transgénero y también la primera en identificarse abiertamente como parte de la comunidad LGTBIQ+. Eurovisión también ha servido de plataforma a sutiles mensajes de oposición y desafío a la injusticia y la violencia mediante canciones como “1944”, que le valió el primer lugar en 2016 a la ucraniana Jamala. Aunque la organización mantiene un nivel de neutralidad comparable al de los Juegos Olímpicos y prohíbe las canciones de contenido explícitamente político, no ha esquivado el reto de servir de puente en tiempos de turbulencia y polarización. La simplicidad de su misión concita intereses tan diversos que muchas naciones no europeas lo sienten como algo propio. Entre ellas, Australia, que en 2016 fue invitada a participar de forma permanente y quedó en segundo lugar con “Sound of Silence”, de Dami Im. La victoria de Nemo, representante de Suiza en la edición de 2024, supuso la primera de una persona no binaria, sumando un nuevo capítulo a la historia de inclusión de Eurovisión, y llevó “The Code” a las listas de todo el continente.