The Life of a Showgirl

The Life of a Showgirl

¿Qué puede hacer una artista después de arrasar con la gira más grande de su carrera? Pues, en el caso de Taylor Swift, el éxito arrollador de The Eras Tour encendió una chispa creativa que la llevó a reunirse con sus antiguos colaboradores Max Martin y Shellback para dar forma a su duodécimo álbum, The Life of a Showgirl. “Nunca he estado más orgullosa de algo en mi vida que de The Eras Tour”, confiesa. “Así que decidí que quería hacer un disco del que me sintiera igual de orgullosa. Ese fue el catalizador de todo, y por eso llamé a Max y le dije: ‘¿Queréis hacerlo? Voy donde estéis’”. Y así, en pleno tramo europeo de la gira, Swift voló varias veces a Suecia (según ella, “el jet lag es una elección”) para trabajar con Martin y Shellback, coautores y productores de algunos de los mayores éxitos de su carrera, como “We Are Never Ever Getting Back Together”, “22”, “Shake It Off”, “Blank Space”, “Don’t Blame Me” y “Delicate”. El resultado es una explosión de música pop deslumbrante, segura de sí misma y multifacética (a ratos elegante, a ratos descarada, a ratos sensual) que explora sus relaciones y la fama desde una mirada profundamente personal, pero con la que cualquiera puede identificarse (excepto los dramas de los que habla en la rockera “Elizabeth Taylor”, reservados para las showgirls más famosas del planeta). En el primer single del álbum, “The Fate of Ophelia”, Swift vuelve a inspirarse en Shakespeare, como ya hiciera en algunos de sus temas más celebrados, para reinventar otra tragedia como una historia de amor. Pero esta vez, el tono es más maduro y empoderador: la heroína acepta su soledad antes incluso de que el héroe aparezca en escena: “I swore my loyalty to me, myself, and I/Right before you lit my sky up” (Me juré fidelidad a mí misma/Justo antes de que iluminaras mi cielo). Y, como era de esperar, sus fans están analizando con lupa quiénes son sus musas. El “salvador” que menciona en “Ophelia” parece ser su prometido, el tres veces campeón de la Super Bowl Travis Kelce (no olvidemos que Taylor anunció el disco en su pódcast). Y seguramente no sea la única canción que le dedica, siendo la más evidente “Wood”, con su aire funk setentero y sus provocadores dobles sentidos. Para sorpresa de todos, “Actually Romantic”, con una producción más contenida, no habla de un amor, sino de alguien que la odia. “You think I’m tacky, baby/Stop talking dirty to me/It sounded nasty but it feels like you’re flirting with me/I mind my business, God’s my witness that I don’t provoke it/It’s kind of making me…” (Crees que soy hortera/Deja de decirme obscenidades/Parecía un insulto, pero suena como si estuvieras tonteando conmigo/Yo voy a lo mío, Dios sabe que no lo provoco/Me está poniendo...), bromea Swift, entre ironía y picardía. En “Father Figure”, rinde homenaje a George Michael con una interpretación casi susurrada que culmina en una traición por parte de un protegido: “You made a deal with this devil/Turns out my dick’s bigger/You want a fight, you found it/I got the place surrounded” (Hiciste un pacto con este diablo/Resulta que yo la tengo más grande/¿Buscas pelea? Pues la has encontrado/Tengo el sitio rodeado). Pero más allá de las referencias personales, la verdadera esencia de The Life of a Showgirl está donde Swift siempre brilla más: su capacidad para contar historias que transmiten emociones universales a través de canciones vibrantes y adictivas. La alegre “Opalite” celebra el encuentro de dos personas en el momento perfecto, la barroca “Wi$h Li$t” retrata a alguien que sabe exactamente lo que quiere, y “Eldest Daughter”, la ya tradicional pista número 5 (siempre una de las más vulnerables de cada disco), revela una promesa de entrega incondicional. El álbum se cierra con el tema que le da título, un épico dueto con Sabrina Carpenter en el que ambas intercambian versos sobre una chica llamada Kitty, en lo que parece una reflexión sobre su lugar en el mundo. “And all the headshots on the walls of the dance hall are of the bitches who wish I’d hurry up and die/But I’m immortal now, baby dolls, I couldn’t if I tried” (Y en las paredes del salón de baile cuelgan los retratos de las arpías que sueñan con que me muera/Pero ahora soy inmortal, muñecas. No podría aunque quisiera), canta Swift con orgullo. En otras palabras, y como ha demostrado una y otra vez, Taylor Swift nunca pasará de moda.

Videoclips