

Para finales de la pandemia, la celebrada gran ola de trap argentino enfrentaba un cambio de paradigma: su valor como un movimiento desde y para las plazas se había mudado inevitablemente a espacios cada vez más digitales, con lo cual vendría también la necesidad de legitimarlo desde frentes estéticos cada vez más profundos. eclips3 (2022), el EP debut de Saramalacara, es uno de los materiales que mejor refleja esa evolución, donde la influencia del trap llevó a una nueva camada de artistas a formar una visión más caótica y visceral de sus posibilidades de hacer música (ahora sin géneros, ni reglas). En el caso de la porteña, esa visión ha madurado hasta convertirse en MATADEROS, su segundo álbum de estudio y la consumación de su universo creativo. Grabado en Los Ángeles, el disco encuentra su pulso emocional en lo barrial, en el origen que Sara Azul Froján lleva incluso tatuado, literalmente, en su abdomen. MATADEROS parte de una referencia geográfica para convertirse en una declaración de pertenencia que apunta hacia el resto del mundo. Ahí, su ambición adquiere dos caras: es su motor, pero también es su conflicto. “El primer pecado que cometí: / Querer más, querer todo para mí”, canta en “MTD DREAMS”, encarnando un yo voraz, hiperviviente, casi excesivo, que encaja a la perfección con el dilema de una generación nihilista y ansiosa a partes iguales. Desde su sonido, el álbum retoma las referencias glitchcore de eclips3 y Heráldica, con el trap como patrón rítmico, pero empujando hacia terrenos avant-garde. Aquí el beat no es sólo una base, más bien tensiona, irrumpe e incomoda por ratos, haciendo que las emociones penetren a mayores abismos. Siguiendo un modelo de mixtape tradicional, el LP no encuentra sus colaboraciones en la pluma y más bien lo hace desde la variedad de su producción, abriendo el catálogo a nombres como F1lthy, Dylan Brady, Ojivolta o Lukrative, entre otros, todos con un peso específico en la escena alternativa global. En ese cruce entre lo íntimo y lo internacional, Saramalacara completa su visión, y la deja plasmada en un material anárquico y profundamente generacional.