

Fito Páez: una guía
La nueva versión del clásico del rock latinoamericano El Amor Después del Amor, al igual que las giras por arenas y estadios e incluso una serie de televisión, han traído renovada atención a la obra del músico rosarino.
Folclore, tango y rock
Fito Páez ha sido un nombre definitivo para la música latina durante las últimas cuatro décadas. Es un artesano de melodías que se han impregnado en el inconsciente colectivo a la vez que desafiaron el status quo de la música popular en español. Su obra ha caminado sola, encontrando lugar en el folclore más allá de tendencias efímeras. “Charly García me enseñó que la música era un camino extraordinario y aquí estoy todavía, dando pelea, siendo un soldado de la melodía”, cuenta Páez a Apple Music. En los inicios de los 80, Argentina vivía los últimos años de la dictadura y Fito hacía mancuerna con Juan Carlos Baglietto, componiendo canciones que le darían notoriedad. Esto lo llevó a formar parte de la banda de Charly García, para la gira Clics Modernos, y luego a grabar Piano Bar. “Charly es uno de los fusibles de la Argentina”, dice Fito. Su búsqueda artística le inspiró a mezclar tango y folclore con el rock, hasta entonces inaudito. En Giros (1985), su segundo álbum, combinó ritmos ternarios, progresiones de acordes menores musicalizadas por el Yamaha DX7, instrumento clave para entender ese sonido. “Yo Vengo a Ofrecer Mi Corazón” o “Tres Agujas”, demuestran el compromiso de Fito con la canción como materia prima. Esto dio paso a la compleja, barroca y experimental obra maestra La La La, en colaboración con Luis Alberto Spinetta. La siguiente etapa de su trabajo estuvo marcada por la rabia tras el asesinato de sus abuelas, expresada en Ciudad de Pobres Corazones, y sus problemas económicos y personales durante la grabación de Tercer Mundo.
Pop vanguardista
La consagración de Fito Páez en el pop vino con El Amor Después del Amor, el disco más vendido en la historia del rock argentino. Es una oda al amor romántico que llegó a la cima de la popularidad. Con él, pasó de tocar en teatros a llenar estadios de futbol. Al poco tiempo, nació Circo Beat, su siguiente álbum. Fito logró una comunión majestuosa entre la vanguardia y lo masivo sin traicionarse. Incluso haciendo su propio “unplugged”. “El día que llegan las 500,000 unidades de reposición de Circo Beat, ese camión que venía de Alemania fue robado en medio del camino hacia Buenos Aires. No sabemos por quién. Circo Beat hubiera sido mi disco más vendido en vez de El Amor Después del Amor. Es la primera vez que lo cuento”, agrega Fito.
Señalamientos políticos y rabia eléctrica
Enemigos Íntimos, disco a dúo con Joaquín Sabina, donde Fito cede la totalidad de las letras al español. Luego vino Abre, un álbum con un renovado interés por cuestionar las aristas políticas de Argentina con ritmos de reggae, jazz o rock. De él se desprenden “Al Lado del Camino”, con influencias de Bob Dylan, y “La Casa Desaparecida”, un tema de 11 minutos que retrata ácidamente la historia moderna de Argentina. El comienzo del milenio en Argentina fue marcado por el colapso de su sistema financiero. En este contexto nació Rey Sol, un disco lleno de reclamos a la situación política, cultural, espiritual y social de su país, que dedicó a su primer hijo Martín. Una constante de Fito es asociar la rabia con las seis cuerdas eléctricas. Esta furia sirvió como catalizador de Naturaleza Sangre, un paseo por el desamor muy notorio de su carrera.
Cosmos orquestal y acústico
El cosmos musical de Fito Páez también tiene espacio para la música orquestal. “Gerardo Gandini una vez me dijo sobre ‘Mariposa tecknicolor’: ‘Esto es una pieza de Mozart. Todo este movimiento de corcheas él lo desarrollaba de esta manera y vos lo tenés acá. Es igual’”, comenta el artista. “Y yo jamás estudié a Mozart. Lo escuché en casa, a lo mejor, pero no tengo idea de cómo se movía”. Así, la música de Fito se mueve en múltiples dimensiones: desde la canción moderna con tintes folclóricos hasta el romanticismo de Tchaikovsky, pasando por poemas prestados de Federico García Lorca y melodías cercanas a John Lennon. Sus comienzos musicales con profesores de piano clásico dejaron una inquietud clara en su búsqueda artística. Pero el ADN de Fito está ligado al piano acústico, su instrumento raíz.
Libertad artística total
La libertad ha sido un concepto perenne en el trabajo de Fito. A lo largo de su carrera las reglas las ha puesto él, y este es un derecho que ha ganado a pulso. Puede inspeccionar su mundo interior y maquinar un disco de covers sobre las canciones que él mostraría a los aliens y coleccionar lados B que no quedaron en ningún otro proyecto. Concebir tres discos en 365 días, o sacudir su catálogo para reversionar canciones sagradas, quebrándolas y dando a luz a un nuevo universo. En sus propias palabras: “Uno de los pocos patrimonios que tengo es la libertad un poco obscena por la cual peleé un montón de años y de la cual me siento muy orgulloso. ¿Ustedes francamente piensan que con dos beats van a explicar la época? Posiblemente sí, porque si eso es lo que la época o el mercado o las majors están proponiendo como mainstream, probablemente eso hable más que nada de la crisis monumental que está sufriendo el planeta Tierra desde su parte creativa, desde el lenguaje musical”.