

Cuando Remi Wolf se enfrentó a la creación de Mud, su tercer álbum, no atravesaba su mejor momento: se estaba recuperando de una dolorosa ruptura y seguía lidiando con sus problemas con el alcohol. No es casualidad que el sinuoso tema que abre el disco, “Bottle”, comience así: “Circling the drain/Mercy morning rain/A penny in the parking lot/Pretend it’s lucky, but I know it’s not” (Tocando fondo/Bendita lluvia matutina/Un céntimo en el parking/Finjo que me traerá suerte, pero sé que no es cierto). En Mud, esta artista de pop alternativo con influencias country, rock y soul se enfrenta a sus propios engaños y escribe canciones de amor sobre alguien con quien sabe que no debería estar. Temas que parecen comedias románticas acaban revelándose como películas de terror. En “Twiggy”, empieza totalmente enamorada, suspirando por una marca de nacimiento con forma de corazón y bañándose desnuda en la piscina de un desconocido, pero al final saca a relucir los problemas con su figura materna y su historial de imprudencias, antes de sentenciar: “God, I fucking hate you” (Dios, cómo te odio). A finales de la década de 2010, Wolf se dio a conocer al mundo haciendo gala de su excentricidad, con letras hilarantes que fluían sin filtros y una estética maximalista y ecléctica. Ahora, recién cumplidos los 30, ha aprendido a aceptar su propio caos. Su forma de vestir sigue siendo de otro planeta, pero ya no teme mostrar su lado más humano, cantando a pleno pulmón letras en las que desnuda su corazón roto. Wolf compuso buena parte de Mud rodeada de colaboradores cercanos a los que considera su familia (como su nuevo amigo John Mayer, que derrocha encanto en “Moon So High”). Al final, logró emerger de ese fango emocional completamente renovada. Como dicen, la mejor forma de superar las dificultades es coger al toro por los cuernos.