

Desde el inicio de su carrera, Kidd Voodoo se ha movido entre el rock y el reggaetón. Con Resonancia Etérea, la banda de indie que fundó con sus amistades, exploraba su sensibilidad ligada a las guitarras, mientras que en su proyecto solista se abrió paso como uno de los nombres principales del género urbano chileno gracias a su inflexión melódica, sus versos sentimentales y álbumes como SATIROLOGÍA (2025). Con Euforia, un disco que abraza de lleno las baladas y el pop rock, construido sobre guitarras, piano y cuerdas, el de Maipú marca un punto de inflexión. En un momento en el que el género urbano expande sus fronteras y redefine sus límites, Kidd Voodoo llega con ocho canciones centradas en sus vínculos emocionales más profundos. Es un hito que rompe con cualquier precedente en su discografía. “Tú y yo fuimos todo lo que estaba bien / La razón de que el sol siguiera dando vueltas”, canta junto al español Pablo Alborán en “Dando Vueltas”, un desfogue emocional que pasa de rasgar sutilmente las cuerdas de una guitarra a una explosión de voz que se levanta contra el mundo para defender su amor. “Poder Quererme” explora un cariño inconstante y lo que se puede esperar en ese vaivén. La línea de bajo de “En el Suelo”, reminiscente del indie nostálgico como un atardecer de domingo, le permite a Kidd Voodoo, junto a Rels B, lamentar que no hay nada que hacer para salvar una relación herida. “Incondicional”, por otro lado, junto a la chilena Mon Laferte, retoma el ritmo lánguido necesario para detenerse a lamer las heridas hasta que se conviertan en cicatrices. “Yo sé que hice cosas malas / Pero juro que esta vez lo haré bien”, canta, y así busca una oportunidad nueva para resolver los problemas. En todas estas canciones, Kidd Voodoo juega con su voz, siempre dinámica, en movimiento. Sus cambios de tono, y los rincones inesperados que descubren, son el eco de las mismas preguntas sin respuesta definida que se formula en cada tema. En un álbum confesional y vulnerable, el corte más hondo llega con “Llora (Para Mamá)”. Sobre nada más que una guitarra que suena como un lamento que, sin embargo, no pierde su determinación, Kidd Voodoo parece volver en el tiempo para considerar otros corazones rotos, como el de su madre, y acompañarlos mientras se desahoga. En un momento, la música desaparece y sólo queda un corazón que late. Podría ser el de la protagonista de la canción, podría ser el de Kidd Voodoo. Podría ser el nuestro.