Vendrán Suaves Lluvias

Vendrán Suaves Lluvias

“Este disco lo hice en un momento súper complicado de mi vida”, Silvana Estrada le cuenta a Apple Music mientras habla sobre Vendrán Suaves Lluvias, su extraordinario segundo álbum. “Había girado muchísimo con Marchita y estaba cansada. Además, murieron mi mejor amigo y su hermano, y me quedé huérfana de un montón de cosas al mismo tiempo”.
Fue justamente la música que le permitió a la cantante de Coatepec, Veracruz, salir de ese pozo emocional y reencontrarse con la fuerza sanadora de la creación artística. Producidas por ella misma y apoyadas en arreglos orquestales del aclamado compositor Owen Pallett, las canciones del disco deslumbran con su delicadeza, desde la influencia de la trova en la melancólica “Dime” hasta la dulce melodía silbada de “Como Un Pájaro”. “Necesité conectar con la belleza para volver a sentirme bien”, explica Estrada. “En este disco hay una conexión especial entre la belleza y la esperanza. Ahora que lo terminamos, me enternece escucharlo, porque lo que más quería es que fuera bonito y transparente”. Estrada habló con Apple Music sobre el título tan poético del álbum, su proceso creativo y la influencia del jazz en su estilo vocal.
Gabriel García Márquez hablaba sobre “una lluvia tierna” y tú sobre las lluvias suaves. ¿Cómo se te ocurrió un título tan evocador para este álbum? Hay un poeta que dice “una lluvia niña”, que también me gusta. Lo de las lluvias suaves es una imagen casi familiar, porque cuando éramos niños, mi hermano y yo leíamos Crónicas marcianas de Ray Bradbury. Uno de los últimos cuentos, que es muy triste, termina con este poema, “There Will Come Soft Rains”, que es de Sara Teasdale y lo escribió después de la primera guerra mundial.
Cuando estaba haciendo el disco, compuse “No Te Vayas Sin Saber”, que habla un poco de eso. Me despido de ti tranquila, porque sé que algún día voy a volver a estar bien y quizás te pueda ver sin que me duela. Y ahí digo: “vendrán suaves lluvias/y tiempo para volverte a ver”. No sé cómo llegó esta frase a mi vida después de tantos años, pero un día sentí la claridad abrumadora de que este disco tenía que llamarse así.
Lo que más llama la atención del disco es su obsesión con la belleza estética de las melodías y los arreglos. Todas las canciones son preciosas. Me costó hacer este disco. Tampoco me gustaba tanto la vida en ese momento, pero sí me gustaba la belleza. Y la belleza se transformó en una especie de promesa, porque si existe dentro de una canción, entonces también puede existir fuera de ella. Fue un proceso muy caótico, de probar muchísimas cosas y experimentar, pero también sufrir un montón y decir: ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿Cuándo voy a poder terminar esto?
Tu voz tiene una cualidad muy especial que encuentro en cantantes de jazz como Billie Holiday o June Christy: es como un prisma multicolor que va cambiando de tonalidades de un momento al otro. ¿Te identificas con esta descripción? Muchísimo. Estoy muy agradecida con mi historia, porque si bien tengo el son jarocho, el folclore y la raíz, también tengo la suerte de que en mi ciudad hay una universidad con una carrera de jazz. Cuando era adolescente y lloraba porque me habían roto el corazón, escuchaba a Billie. En mi voz guardo muchísimo amor por todas estas mujeres del jazz que también me transmitieron un gusto por la libertad.
Cuando canto, me siento un poco como una perrita que nos regalaron cuando yo era niña; intentamos ponerle el collarín, se volvió loca y nos mordió a todos. Yo a veces me siento como esa perrita, porque estudiando jazz me enamoré de la libertad. Vi que era posible tener una estructura y sobre ella hacer, deshacer y volver a crear. No me siento jazzista, pero tengo muy presente la sensación en el cuerpo de improvisar con un clásico del jazz y sentir que era lo más divertido que había hecho en mi vida.