11 canciones, 31 minutos

NOTAS DE LOS EDITORES

El segundo disco de James Taylor es la piedra Rosetta de la mayoría de los cantautores alumbrados en los años posteriores a 1970. Su alcance impregnó toda la década y puso banda sonora a los lluviosos días junto a la chimenea de una infinidad de hogares. A lo largo de sus composiciones, Taylor sueña y ofrece asilo a quienes como él, han conocido la cara más amarga de los idealizados años 60. Sweet Baby James suena a folk, blues y a romanticismo puro. La gran virtud de su autor, es la de exorcizar nuestros demonios y convertirlos en melodías que brindan esperanza.

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El segundo disco de James Taylor es la piedra Rosetta de la mayoría de los cantautores alumbrados en los años posteriores a 1970. Su alcance impregnó toda la década y puso banda sonora a los lluviosos días junto a la chimenea de una infinidad de hogares. A lo largo de sus composiciones, Taylor sueña y ofrece asilo a quienes como él, han conocido la cara más amarga de los idealizados años 60. Sweet Baby James suena a folk, blues y a romanticismo puro. La gran virtud de su autor, es la de exorcizar nuestros demonios y convertirlos en melodías que brindan esperanza.

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