Notas editoriales Estamos ante un segundo álbum explosivo, repleto de canciones desatadas. Como cabría esperar de una banda que se dio a conocer tocando en los estacionamientos de las presentaciones de otros grupos, la continuación de The Balcony (2014) vuelve a demostrar que el cuarteto galés no conoce el miedo. La primera mitad es una clase magistral de indie exuberante y hedonista (en particular “Twice” y “Soundcheck”, que parecen escritas para el público entusiasta de los festivales) hasta la llegada de dos joyas que aciertan de lleno en el blanco. “Glasgow” y “Heathrow” son canciones fabulosas que revelan el lado más suave y melódico de una banda que ha madurado a pasos agigantados. 

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