

“Guardo un montón de recuerdos entrañables de esos lugares”. Sir Paul bucea en su infancia para dar forma a algunas de las canciones más íntimas de su incomparable carrera. Paul McCartney ha escrito sobre el amor, la pérdida, la soledad, intentos de asesinato y un sinfín de personajes y temas desde los primeros tiempos de The Beatles. Pero con The Boys of Dungeon Lane, uno de los músicos más prolíficos e influyentes de la historia del rock se adentra en un terreno mucho más personal. Para buscar la inspiración, recurre a los escenarios de su infancia y a viejas fotografías familiares, incluida la calle donde un par de gamberros le atracaron a pocas manzanas de su casa en Liverpool. “Cuando hablo de ‘los chicos de Dungeon Lane’, estoy pensando en ellos”, confiesa McCartney a Zane Lowe de Apple Music. En la melancólica “Days We Left Behind”, guiada por un delicado rasgueo acústico, no solo aparecen aquellos gamberros de Liverpool que le robaron el reloj de chaval, sino también sus recuerdos con George Harrison y John Lennon, a quienes conoció en plena adolescencia y con los que compuso sus primeros temas en su casa de Forthlin Road. Mientras que canciones de amor como “We Two” y “Never Know” están muy ancladas en el presente, otras destacan por su relevancia histórica. “Lost Horizon” llevaba tiempo olvidada en un cajón. Por su parte, “Home to Us” marca un emotivo reencuentro con Ringo Starr (y su primer dúo desde la separación de The Beatles). Todos los cortes del álbum comparten un tono retrospectivo poco habitual en Sir Paul. Aunque ya había cantado a los grandes amores de su vida y a su familia, nunca se había desnudado con semejante nivel de detalle autobiográfico. A continuación, McCartney analiza algunas de las canciones de The Boys of Dungeon Lane. “Days We Left Behind” “Todo arrancó con una pequeña melodía al piano. Al final la tocamos con la guitarra, y pensé: ‘Suena bien, me gusta. Es una buena intro, tiene notas interesantes’. Después empecé a mirar fotos antiguas y surgió la idea de echar la vista atrás. Al principio, la letra iba a decir ‘looking back at black-and-white reminders of my past’ (echando la vista atrás a recuerdos en blanco y negro del pasado), pero al final se quedó simplemente en ‘white and black reminders of my past’ (recuerdos en blanco y negro del pasado), y encajó perfectamente. Entonces empecé a preguntarme qué estaba recordando exactamente. ‘Smoky bars, cheap guitars’ (Bares llenos de humo, guitarras baratas). Mi primera guitarra fue una Rosetti Lucky 7 que compré en Liverpool. Cuando la llevé a Hamburgo, se rompió. Menudo trasto. Guardo un montón de recuerdos entrañables de esos lugares”. “Lost Horizon” “Eddie Klein era técnico en Abbey Road. Más tarde, cuando monté mi propio estudio, vino a ayudarme. Estábamos trabajando en algo y él estaba pasando antiguas grabaciones a formato digital. Y de repente, me suelta: ‘¿Te acuerdas de “Lost Horizon”?’. Y le digo: ‘¿Cómo? ¿De qué estás hablando?’. Y me contesta: ‘Está muy bien. Vamos a escucharla’. Lo increíble fue que estaba terminada. De principio a fin. Tenía la letra, la melodía, el puente... todo. Simplemente me había olvidado de ella. Estaba en un casete en el que había grabado otras cosas, y se había quedado por ahí perdida en un rincón. Eddie pensó que merecía la pena, y tenía toda la razón”. “Home to Us” “Me crié en un barrio llamado Speke, y Ringo en otro que se llama Dingle. Era una vida humilde. Allí nadie tenía un duro y las casas eran bastante precarias, pero como no conocíamos otra cosa, éramos felices. Teníamos a los amigos, a la familia, tíos, tías... Esa era mi vida y me gustaba. Sabía que Ringo venía exactamente del mismo sitio que yo, por eso la letra dice: ‘It might have been a bit rough where we live, but it was home to us’ (Puede que nos criáramos en un lugar duro, pero era nuestro hogar). Y de ahí surgió nuestro primer dúo. Me alegro mucho de haberlo hecho. Cuando lo grabamos a dúo, quedó genial. Después de todo el tiempo que hace que nos conocemos, este tema ha sido un auténtico regalo”. “Salesman Saint” “Durante la Segunda Guerra Mundial, mi padre era bombero en Liverpool, y no paraban de caer bombas incendiarias. Mi madre era enfermera, así que los dos lo estaban pasando mal, arriesgando sus vidas a diario. No me puedo ni imaginar lo que tuvo que ser aquello. Creo que nuestra generación ni siquiera alcanza a comprenderlo. ¿Cómo mantienes el optimismo con todo ese horror a tu alrededor? Mucha gente no lo consiguió, pero mis padres sí lo hicieron, así que siempre les reconoceré ese mérito”.