

Cuando Metallica unió sus fuerzas a las de la Sinfónica de San Francisco en 1999 para publicar S&M, el escepticismo era palpable a ambos lados de la frontera estilística. A fin de cuentas, muchos pensaban que el metal y la música clásica formaban una pareja condenada a no entenderse. Sin embargo, el grupo de San Francisco siempre ha entendido la conexión espiritual entre ambos géneros. “Si hay algún tipo de incompatibilidad, es más que nada una percepción superficial”, explica el guitarrista Kirk Hammett a Apple Music sobre el experimento. “En el pasado ha habido músicos que buscaban un sonido y una emoción que ahora llamaríamos heavy metal, pero que entonces aún no existía. La tecnología no había llegado hasta ese punto, así que tenían que usar lo que tenían a mano, que eran secciones de cuerdas y metales. Hasta cierto punto, existía un tipo de música clásica que era como el heavy metal de su época”.
Para celebrar los veinte años del álbum, banda y orquesta se reunieron para inaugurar el Chase Center de San Francisco con dos conciertos celebrados en septiembre de 2019. Mientras que su predecesor situó a la banda frente a la orquesta en el relativamente modesto Community Theater de Berkeley, en S&M2 ambas formaciones comparten el mismo espacio, en buena parte gracias a los avances en diseño acústico y amplificación inalámbrica. “Esta vez la sensación era que éramos todos parte de una banda gigante”, dice Hammett. “Para mí fue increíble tocar un power chord a todo volumen con 70 instrumentos por detrás”.
El repertorio y los arreglos de cuerda suenan renovados, con detalladas modificaciones que elevan antiguos éxitos como “One” o “Enter Sandman” y hacen hueco a algunas de las canciones más memorables de sus últimos álbumes (St. Anger de 2003, Death Magnetic de 2008 y Hardwired…To Self-Destruct de 2016). Hay momentos de grandiosa presencia sonora y otros de sutil elegancia, con pasajes tan emocionantes como el homenaje a Cliff Burton, el bajista original del grupo, que falleció al principio de la carrera de la banda, en un accidente que tuvo el autobús de gira. Burton era un gran aficionado a la música clásica e influyó decisivamente a sus compañeros. Así, en “(Anesthesia) Pulling Teeth”, Scott Pingel, bajista de la Sinfónica de San Francisco se enfunda el bajo y homenajea al gran músico.
Como demostración práctica de la teoría de Hammett, los papeles se invierten hacia la mitad del concierto, cuando estos pioneros del thrash metal participan, bajo la batuta de Michael Tilson Thomas, en un segmento de la obra de Alexander Mosolov Iron Foundry, un ejemplo del futurismo de comienzos del siglo XX que, aquí, asombra como nunca. “Me gusta pensar que hoy somos una banda mejor”, dice Hammett, que destaca la importancia de la incorporación del bajista Robert Trujillo en 2003. “Sorteamos mejor los obstáculos y encontramos mejores respuestas a las preguntas musicales. Es algo fundamental para estar a la altura musical de la orquesta”.