16 canciones, 52 minutos

NOTAS EDITORIALES

No es de extrañar que el caleidoscópico A Head Full of Dreams, publicado en 2015, nos parezca un recuerdo ya lejano. Y es que vio la luz en un momento muy diferente al actual. En estos cuatro años que han pasado desde la última vez que tuvimos noticia de Coldplay, el mundo se ha vuelto cada vez más caótico. “La locura siempre ha estado ahí”, le comenta el vocalista Chris Martin a Apple Music, “pero ahora la tenemos delante de las narices constantemente. Eso te hace pensar que tienes que cantar sobre lo que está pasando sin importarte las consecuencias”. El resultado es Everyday Life, un disco doble con el que la que podría considerarse la banda más popular de este siglo trata de inspirar unidad. “Para nosotros es algo real y auténtico”, asegura Martin. “De eso estoy seguro”.

Coldplay han organizado el disco de forma conceptual. La primera mitad, Sunrise (Amanecer), arranca con unos arreglos de cuerda tan sombríos como esperanzadores. “Se refiere a los desafíos a los que nos enfrentamos en nuestras propias vidas y que también vemos en las de mucha más gente”, explica Martin. La segunda parte, Sunset (Atardecer), aborda el modo en el que podemos afrontar y superar esos desafíos. Comienza con “Guns”, un corte acústico en el que Martin aborda la violencia provocada por las armas en Estados Unidos. En ella evoca a Dylan y canta socarronamente “Melt down all the trumpets, all the trombones and the drums / Who needs education or a thousand splendid suns?” (Fundid todas las trompetas, los trombones y los tambores / ¿Quién necesita educación o un centenar de espléndidos soles?). Sin duda, se trata de su tema más comprometido y político desde “Politik”, publicado en 2002 justo después del 11 de Septiembre. A diferencia de su predecesor, Everyday Life es un disco crudo y directo, en el que se intercalan fragmentos de sonido ambiente que lo dotan de una textura familiar y reconocible, como el ruido de la calle, el canto de los pájaros o una discusión entre un motorista y un agente de la policía. Cuando Martin se sienta al piano y canta “BrokEn” junto a un coro góspel, tienes la sensación de estar en una iglesia, a pocos metros de ellos.

Gran parte del disco navega por las aguas de la sutileza, pero también contiene algunos de los himnos y gestos grandilocuentes a los que Coldplay nos tienen acostumbrados. En “Arabesque”, la banda se alía con la Positive Force de Femi Kuti en un exaltado ritmo afrobeat que, junto a un verso en francés, entona el estribillo central “We share the same blood” (Compartimos la misma sangre). Es este el mensaje que resuena a lo largo del álbum, desde el coro que nos recibe en “Orphans”, donde el bajo de Guy Berryman redefine la palabra resistencia, hasta la inmediatez de la palabra hablada en el tema “بنی آدم”, o el cierre crepuscular con “Champion of the World” y el corte que da título al disco. En él Martin canta “Everyone hurts, everyone cries, everyone tells each other all kinds of lies / Everyone falls, everybody dreams and doubts / Got to keep dancing when the lights go out” (Todo el mundo sufre, todo el mundo llora, todo el mundo le cuenta a los demás todo tipo de mentiras / Todo el mundo cae, todo el mundo sueña y duda / Tenemos que seguir bailando cuando se apaguen las luces).

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No es de extrañar que el caleidoscópico A Head Full of Dreams, publicado en 2015, nos parezca un recuerdo ya lejano. Y es que vio la luz en un momento muy diferente al actual. En estos cuatro años que han pasado desde la última vez que tuvimos noticia de Coldplay, el mundo se ha vuelto cada vez más caótico. “La locura siempre ha estado ahí”, le comenta el vocalista Chris Martin a Apple Music, “pero ahora la tenemos delante de las narices constantemente. Eso te hace pensar que tienes que cantar sobre lo que está pasando sin importarte las consecuencias”. El resultado es Everyday Life, un disco doble con el que la que podría considerarse la banda más popular de este siglo trata de inspirar unidad. “Para nosotros es algo real y auténtico”, asegura Martin. “De eso estoy seguro”.

Coldplay han organizado el disco de forma conceptual. La primera mitad, Sunrise (Amanecer), arranca con unos arreglos de cuerda tan sombríos como esperanzadores. “Se refiere a los desafíos a los que nos enfrentamos en nuestras propias vidas y que también vemos en las de mucha más gente”, explica Martin. La segunda parte, Sunset (Atardecer), aborda el modo en el que podemos afrontar y superar esos desafíos. Comienza con “Guns”, un corte acústico en el que Martin aborda la violencia provocada por las armas en Estados Unidos. En ella evoca a Dylan y canta socarronamente “Melt down all the trumpets, all the trombones and the drums / Who needs education or a thousand splendid suns?” (Fundid todas las trompetas, los trombones y los tambores / ¿Quién necesita educación o un centenar de espléndidos soles?). Sin duda, se trata de su tema más comprometido y político desde “Politik”, publicado en 2002 justo después del 11 de Septiembre. A diferencia de su predecesor, Everyday Life es un disco crudo y directo, en el que se intercalan fragmentos de sonido ambiente que lo dotan de una textura familiar y reconocible, como el ruido de la calle, el canto de los pájaros o una discusión entre un motorista y un agente de la policía. Cuando Martin se sienta al piano y canta “BrokEn” junto a un coro góspel, tienes la sensación de estar en una iglesia, a pocos metros de ellos.

Gran parte del disco navega por las aguas de la sutileza, pero también contiene algunos de los himnos y gestos grandilocuentes a los que Coldplay nos tienen acostumbrados. En “Arabesque”, la banda se alía con la Positive Force de Femi Kuti en un exaltado ritmo afrobeat que, junto a un verso en francés, entona el estribillo central “We share the same blood” (Compartimos la misma sangre). Es este el mensaje que resuena a lo largo del álbum, desde el coro que nos recibe en “Orphans”, donde el bajo de Guy Berryman redefine la palabra resistencia, hasta la inmediatez de la palabra hablada en el tema “بنی آدم”, o el cierre crepuscular con “Champion of the World” y el corte que da título al disco. En él Martin canta “Everyone hurts, everyone cries, everyone tells each other all kinds of lies / Everyone falls, everybody dreams and doubts / Got to keep dancing when the lights go out” (Todo el mundo sufre, todo el mundo llora, todo el mundo le cuenta a los demás todo tipo de mentiras / Todo el mundo cae, todo el mundo sueña y duda / Tenemos que seguir bailando cuando se apaguen las luces).

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