Notas editoriales McCartney III no es, obviamente, el tercer álbum en solitario de Paul McCartney, sino el decimoctavo. Más allá de un hilo estilístico definido, lo que comparte con sus dos antecesores homónimos es la reacción a una disolución de enormes consecuencias. McCartney surgió en la resaca que dejó la amarga y repentina ruptura de los Beatles en 1970, McCartney II llegó tras la desbandada de Wings en 1980, y esta tercera entrega, que grabó casi en solitario en su estudio cercano a su casa de Sussex, nace de la disolución del entorno social y cotidiano que conocíamos. “Fue estupendo poder tocar música, crear música y poner en ella todas mis ideas, mis miedos y mi amor”, dice McCartney a Apple Music. “De alguna forma, me salvó en los tres o cuatro meses que tardé en grabarlo”.

Buena parte del álbum, que empieza y termina con canciones acústicas dedicadas a pájaros, suena apropiadamente casero, austero e inmediato, orgulloso de su naturalidad mientras salta de un estilo a otro. El aire denso y pesado de “Slidin’” contrasta con el espíritu travieso de “Find My Way” y la fragilidad de “The Kiss Of Venus”. McCartney abraza también un pasado glorioso, un legado del que III ya forma parte. Es imposible escuchar “Lavatory Lil” y no pensar en el sonido y el espíritu de “Polythene Pam”, mientras que “Seize The Day” recuerda a los cuatro de Liverpool de una manera que llegó a preocupar al propio McCartney. “La escribí en el piano”, recuerda. “Me gustaba, pero después me quedé pensando y empecé a preguntarme si sonaba demasiado beatlesca. ‘¿Debería parar y hacerla más radical de alguna manera?’ El estribillo, la línea de bajo descendente… Suena mucho a los Beatles, pero ¿sabes una cosa? Cuando te preguntas si deberías hacer algo así, la respuesta es que sí. Déjate llevar por toda esa historia y diviértete”.

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