Lost Weekend

Lost Weekend

Para cuando publicó su segundo álbum en solitario, Punisher (2020), Phoebe Bridgers ya había definido un sonido propio y una visión del mundo muy personal: una mirada consciente de sí misma y cargada de detalles, un humor irónico, cierta inclinación por lo macabro y una sensibilidad especialmente afinada para todo lo relacionado con el apocalipsis. La californiana había irrumpido en 2017 con Stranger in the Alps y su melancólico “Motion Sickness”. Pero fue con Punisher cuando Bridgers empezó a ser considerada una de las voces de su generación, dejando una huella inconfundible en el panorama pop con su particular mezcla de ingenio y patetismo. Los seis años transcurridos entre aquel álbum y su esperadísima continuación podrían hacer pensar que Bridgers desapareció siguiendo los pasos del fantasma de la portada de Stranger in the Alps, ahuyentada por semejante avalancha de elogios. En realidad, esta colaboradora incansable no ha parado: publicó un álbum conceptual distópico con Conor Oberst bajo el nombre Better Oblivion Community Center, grabó con SZA, Taylor Swift y Paul McCartney, y se llevó tres Grammy con su supergrupo indie boygenius, junto a Lucy Dacus y Julien Baker. Pero, a juzgar por la estricta política de “no usar móviles” que impuso en sus conciertos sorpresa de 2026, vivir como una artista que ha definido una época tiene un precio. En su tercer álbum, Lost Weekend, Bridgers descorre el telón para mostrarnos lo que ha ocurrido entre bastidores, siempre fiel a ese estilo íntimo y elíptico. Con su habitual voz doblada y distorsionada, “The Outside” recorre escenas de su pasado en un estado de disociación: haciendo crowd surfing en un festival, golpeando una pared o llorando en el funeral de su padre. El diseño de sonido experimental acentúa la sensación de duelo y confusión, mientras ahoga instrumentos de raíz folk como la guitarra acústica, la mandolina y el violín en un torbellino de sintetizadores y acoples. A su lista habitual de colaboradores, entre ellos Ethan Gruska, Tony Berg, Christian Lee Hutson y Marshall Vore, se suman Jack Antonoff, Maya Hawke y su pareja, Bo Burnham. Pero la sensibilidad sigue siendo inequívocamente de Bridgers, al igual que las historias que cuenta, protagonizadas principalmente por tres hombres: su padre, ya fallecido, un antiguo prometido y un nuevo amor al que llama Bobby. Los dos últimos darán pie a todo tipo de especulaciones (al igual que los dardos que lanza en “The Governor’s Waltz”), pero las historias de Bridgers trascienden el salseo. “Still Standing” está teñida de oscuros recuerdos familiares, “Lost Weekend” alude a un compromiso roto, mientras que el single principal, “Lost Boys”, es un canto engañosamente luminoso a los hombres con síndrome de Peter Pan construido sobre un delicado punteo de guitarra, trompetas de aire relajado (al estilo de “Kyoto”) y su estribillo más pegadizo hasta la fecha: “Never grow up, never grow old” (No crezcas nunca, no envejezcas nunca). Pero entre el duelo y el desamor, también asoman destellos de esperanza, como en el cierre de “Lost Weekend (Reprise)”: “We’re gonna be all right/Me and you” (Vamos a estar bien/Tú y yo).