

Robe Iniesta ejerció de cantautor en su debut en solitario. Pero como en toda su vida, el cacereño no eligió transitar por los caminos pavimentados y se arriesgó con una lúcida mezcla de rock sinfónico, orquestaciones de cuerda y viento, y poesía reposada en la que recordaba a un adolescente enamorado. Una rendida declaración de amor en la que el artista se lamía sus heridas convertidas en canciones.