

“Hay una canción en el disco llamada ‘Snow’, y al final repito a modo de mantra ‘It doesn’t get better’ (Nada puede superar esto)”, cuenta a Apple Music la artista antes conocida como Miley Cyrus. “Lo que tengo ahora, esta vida, este momento, es pura felicidad. No es que simplemente me despierte y me sienta feliz, son los límites que me marco”. El día antes de anunciar su décimo álbum de estudio, Miley Cyrus eliminó el “Cyrus” de todas sus redes sociales para quedarse simplemente con su nombre de pila, siguiendo el ejemplo de grandes iconos del pop como Cher, Madonna y Beyoncé. Con dos décadas de estrellato a sus espaldas, este cambio de nombre anunciaba una nueva era para la artista de 33 años, cuya carrera ha estado definida por su valentía a la hora de experimentar, desde el espíritu rebelde de Bangerz en 2013, pasando por el inesperado giro al rock psicodélico de Miley Cyrus & Her Dead Petz en 2015, hasta el éxito arrollador del disco-pop de “Flowers” en 2023. No es de extrañar, por tanto, que, como contó al rendir homenaje a su madrina Dolly Parton tras su muerte, una de las últimas conversaciones que mantuvieron girara en torno a la música y la metamorfosis. Si su álbum debut de 2007 nos invitaba a conocer a Miley Cyrus (Meet Miley Cyrus), Bass Persuades llega con una nueva propuesta: conocer a Miley. Y parece que la artista ha leído esos estudios que aseguran que a la gente joven ya no le gusta salir de fiesta. ¿Y cuál es el mejor antídoto para eso? Un álbum de dance-pop descarnado y hedonista en el que proyecta su voz rasgada al más puro estilo Blondie cuando no está desgañitándose con himnos de amor de inconfundible sabor ochentero. (En medio del torbellino que ha sido este último año, en el que publicó también una edición deluxe de Something Beautiful y participó en un especial en directo por el 20.º aniversario de Hannah Montana, se comprometió con el músico Maxx Morando, cuyo nombre aparece con frecuencia en los créditos de Bass Persuades). “El objetivo”, dice, “era volver a crear una comunidad a través de la música”. Como una historia romántica oculta en una fiesta salvaje, Bass Persuades nos muestra a una Miley dispuesta a rendirse al amor verdadero, a la pasión y al vértigo de la noche. “Go analog!” (¡Volvamos a lo analógico!), proclama en el tema “Bass Persuades”, de tintes new wave, mientras añora una época en la que la gente bailaba sin importarle quién estuviera mirando y la MTV emitía vídeos musicales. Incluso se permite un guiño a su yo más joven: “Chaos is king, but you know that you can’t stop, won’t stop” (Reina el caos, pero sabes que no puedes parar, que no vas a parar). “I’m sick of poets and being profound” (Estoy harta de poetas y de ser profunda), canta sobre un arrollador ritmo techno en “Aftermath”, mientras que “Different Religion” bebe del electroclash y el industrial con la glamurosa colaboración de la banda de rock Model/Actriz. Pero en medio de esta bacanal, Miley entreteje un hilo de felicidad romántica, desde el chillwave de “Let’s Get Married”, donde se entrega por completo al amor, hasta “Neon Signs”, un dúo de rock psicodélico con Andrew Wyatt que evoca un baile lento en una habitación de un motel de los 50. La vida es corta y no hay garantías, parece sugerir Bass Persuades. Entonces, ¿por qué no jugársela, enamorarse y darlo todo en la pista de baile?