12 canciones, 46 minutos

NOTAS EDITORIALES

“Ahora, al escuchar mi primer disco, me doy cuenta de que entonces intentaba jugar sobre seguro”, le cuenta Harry Styles a Zane Lowe, de Apple Music. “En el segundo, tuve claro que quería que fuera más divertido”. Su álbum de debut homónimo, una explosiva mezcla de rock setentero, pantanoso alt-country e introspectivas baladas, significó para el británico el paso de ídolo juvenil a auténtica estrella del rock. Las emotivas canciones de aquel disco giraban en torno a las circunstancias vitales de Styles, un joven vulnerable e increíblemente famoso abocado a la soledad y en plena búsqueda de sí mismo. Dos años más tarde, es innegable que Styles ha hecho grandes progresos en ese sentido, tras superar una dolorosa ruptura, refugiarse una temporada en Malibú y Japón y unirse a las voces de su generación que cuestionan el género o la sexualidad para entender mejor quiénes somos.

La identidad o, más concretamente, el autodescubrimiento, es sin duda el núcleo central de su segundo álbum, Fine Line, como pone de relieve la letra del single “Lights Up” (“Know who you are / Do you know who you are?”) (Conoce quién eres / ¿Sabes quién eres?) o la de “Falling” (“What am I now? / What if I’m someone I don’t want around?”) (¿Qué soy ahora? / ¿Y si soy alguien a quien no querría tener cerca?). Al igual que ocurre en la vida, dicha exploración se presenta a lo largo del disco de diversas formas, desde el silbido de “Canyon Moon” hasta el indie folk de “Sunflower, Vol. 6”, pasando por la torturada súplica de “To Be So Lonely”, en la que canta “Do you think it’s easy being of the jealous kind?” (¿Crees que es fácil ser celoso?). A diferencia de su predecesor, Fine Line es un disco explosivamente multicolor. Las chillonas armonías, los animados arreglos de cuerda y las suaves y psicodélicas melodías evocan un onírico abandono que, de vez en cuando, se ve roto por osadas apuestas como las de la entusiasta “Treat People With Kindness”, un auténtico aluvión de guitarras retro y destellos góspel que alcanza su punto álgido cuando Styles lanza un aullido, arrastra la mano por las teclas del piano y da paso a una inesperada conga.

Como narrador, Styles se muestra lleno de esperanza y falto de pretensiones, tan solo es un tipo que te desea, se siente cómodo en su propio pellejo, tiene ganas de bailar y cree que todo va a salir bien. “Al abordar este disco, quise ser menos precavido y mostrarme más alegre, libre y sincero”, asegura. Para estimular la creatividad y el valor a la hora de componer, Styles esperó a que las canciones estuviesen acabadas para decidir si revelaba demasiado en ellas y luego añadir más. En “Cherry” incluye parte de una conversación con una ex. “Nunca quise recortar ese tipo de cosas”, confiesa. A continuación, Styles comparte con nosotros las historias que hay detrás de tres de sus canciones favoritas.

Golden
“El mejor recuerdo que tengo de la grabación de este disco es del día en el que compusimos ‘Golden’. Estábamos cenando en la cocina de Shangri-La, el estudio de Rick Rubin, cuando empezamos a tocarla con una guitarra y todos nos pusimos a cantar alrededor de la mesa. Fue genial. Parte de mi relación con las setas consiste en no tomar nada mientras estoy trabajando. Ni si quiera bebo cuando estoy componiendo o grabando. De hecho, no bebo nada. Cuando era parte del grupo, sentía que aquello era algo mucho más grande que cualquiera de nosotros, así que no quería ser el que la cagase. Ahora estoy en un punto de mi vida en el que puedo experimentar. Tomas esto y haces aquello. Grabar este disco fue una gozada. Estaba en Malibú, junto a mis amigos y me sentía seguro, así que había llegado la hora de divertirse. Tengo 24 años, vivo de la música y no soy un político ni nada por el estilo. Compusimos este tema a los dos días de llegar a Shangri-La e inmediatamente supimos que era el primer corte del disco. Es una canción perfecta para escucharla mientras recorres la Ruta Estatal 1 de California, que es la carretera que yo cogía para ir al estudio”.

Cherry
“Con esta canción quise ser sincero respecto a mi ruptura y mostrarme más abierto. A veces, te sientes insignificante si las cosas no salen como tú quieres y ‘Cherry’ resulta bastante patética. La compuse en un momento en el que me sentía presionado porque mi disco anterior no había tenido éxito en la radio. Me veía obligado a componer grandes canciones, hasta que un amigo me dijo ‘Lo que tienes que hacer es sacar el disco que te apetezca a ti. Y punto’. Pasamos esa noche en vela y compusimos ‘Cherry’”.

Falling
“Nunca me había sentido como me sentí cuando grabé este disco. Los buenos momentos fueron los más felices de mi vida, mientras que los malos me hicieron sentir peor que nunca. ‘Falling’ habla de uno de esos momentos terribles y deprimentes. El estribillo dice ‘What am I now? Am I someone I don't want around?’ (¿Quién soy ahora? ¿Soy alguien a quien no querría tener cerca?). Me estaba convirtiendo en alguien que no quería ser, y eso es muy duro. Lo bueno es que puedes componer una canción sobre ello y pasar página. La noche en la que la escribí, iba a salir a cenar con un amigo que tenía que pasar a recogerme. Al salir de la ducha, me lo encontré sentando al piano. Me senté junto a él, con la toalla todavía puesta, y entre los dos sacamos el tema en 20 minutos. Luego me dijo ‘Vale, ya hemos terminado. Ve a ponerte unos pantalones’”.

NOTAS EDITORIALES

“Ahora, al escuchar mi primer disco, me doy cuenta de que entonces intentaba jugar sobre seguro”, le cuenta Harry Styles a Zane Lowe, de Apple Music. “En el segundo, tuve claro que quería que fuera más divertido”. Su álbum de debut homónimo, una explosiva mezcla de rock setentero, pantanoso alt-country e introspectivas baladas, significó para el británico el paso de ídolo juvenil a auténtica estrella del rock. Las emotivas canciones de aquel disco giraban en torno a las circunstancias vitales de Styles, un joven vulnerable e increíblemente famoso abocado a la soledad y en plena búsqueda de sí mismo. Dos años más tarde, es innegable que Styles ha hecho grandes progresos en ese sentido, tras superar una dolorosa ruptura, refugiarse una temporada en Malibú y Japón y unirse a las voces de su generación que cuestionan el género o la sexualidad para entender mejor quiénes somos.

La identidad o, más concretamente, el autodescubrimiento, es sin duda el núcleo central de su segundo álbum, Fine Line, como pone de relieve la letra del single “Lights Up” (“Know who you are / Do you know who you are?”) (Conoce quién eres / ¿Sabes quién eres?) o la de “Falling” (“What am I now? / What if I’m someone I don’t want around?”) (¿Qué soy ahora? / ¿Y si soy alguien a quien no querría tener cerca?). Al igual que ocurre en la vida, dicha exploración se presenta a lo largo del disco de diversas formas, desde el silbido de “Canyon Moon” hasta el indie folk de “Sunflower, Vol. 6”, pasando por la torturada súplica de “To Be So Lonely”, en la que canta “Do you think it’s easy being of the jealous kind?” (¿Crees que es fácil ser celoso?). A diferencia de su predecesor, Fine Line es un disco explosivamente multicolor. Las chillonas armonías, los animados arreglos de cuerda y las suaves y psicodélicas melodías evocan un onírico abandono que, de vez en cuando, se ve roto por osadas apuestas como las de la entusiasta “Treat People With Kindness”, un auténtico aluvión de guitarras retro y destellos góspel que alcanza su punto álgido cuando Styles lanza un aullido, arrastra la mano por las teclas del piano y da paso a una inesperada conga.

Como narrador, Styles se muestra lleno de esperanza y falto de pretensiones, tan solo es un tipo que te desea, se siente cómodo en su propio pellejo, tiene ganas de bailar y cree que todo va a salir bien. “Al abordar este disco, quise ser menos precavido y mostrarme más alegre, libre y sincero”, asegura. Para estimular la creatividad y el valor a la hora de componer, Styles esperó a que las canciones estuviesen acabadas para decidir si revelaba demasiado en ellas y luego añadir más. En “Cherry” incluye parte de una conversación con una ex. “Nunca quise recortar ese tipo de cosas”, confiesa. A continuación, Styles comparte con nosotros las historias que hay detrás de tres de sus canciones favoritas.

Golden
“El mejor recuerdo que tengo de la grabación de este disco es del día en el que compusimos ‘Golden’. Estábamos cenando en la cocina de Shangri-La, el estudio de Rick Rubin, cuando empezamos a tocarla con una guitarra y todos nos pusimos a cantar alrededor de la mesa. Fue genial. Parte de mi relación con las setas consiste en no tomar nada mientras estoy trabajando. Ni si quiera bebo cuando estoy componiendo o grabando. De hecho, no bebo nada. Cuando era parte del grupo, sentía que aquello era algo mucho más grande que cualquiera de nosotros, así que no quería ser el que la cagase. Ahora estoy en un punto de mi vida en el que puedo experimentar. Tomas esto y haces aquello. Grabar este disco fue una gozada. Estaba en Malibú, junto a mis amigos y me sentía seguro, así que había llegado la hora de divertirse. Tengo 24 años, vivo de la música y no soy un político ni nada por el estilo. Compusimos este tema a los dos días de llegar a Shangri-La e inmediatamente supimos que era el primer corte del disco. Es una canción perfecta para escucharla mientras recorres la Ruta Estatal 1 de California, que es la carretera que yo cogía para ir al estudio”.

Cherry
“Con esta canción quise ser sincero respecto a mi ruptura y mostrarme más abierto. A veces, te sientes insignificante si las cosas no salen como tú quieres y ‘Cherry’ resulta bastante patética. La compuse en un momento en el que me sentía presionado porque mi disco anterior no había tenido éxito en la radio. Me veía obligado a componer grandes canciones, hasta que un amigo me dijo ‘Lo que tienes que hacer es sacar el disco que te apetezca a ti. Y punto’. Pasamos esa noche en vela y compusimos ‘Cherry’”.

Falling
“Nunca me había sentido como me sentí cuando grabé este disco. Los buenos momentos fueron los más felices de mi vida, mientras que los malos me hicieron sentir peor que nunca. ‘Falling’ habla de uno de esos momentos terribles y deprimentes. El estribillo dice ‘What am I now? Am I someone I don't want around?’ (¿Quién soy ahora? ¿Soy alguien a quien no querría tener cerca?). Me estaba convirtiendo en alguien que no quería ser, y eso es muy duro. Lo bueno es que puedes componer una canción sobre ello y pasar página. La noche en la que la escribí, iba a salir a cenar con un amigo que tenía que pasar a recogerme. Al salir de la ducha, me lo encontré sentando al piano. Me senté junto a él, con la toalla todavía puesta, y entre los dos sacamos el tema en 20 minutos. Luego me dijo ‘Vale, ya hemos terminado. Ve a ponerte unos pantalones’”.

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