

La filosofía positiva ha sido un elemento fundamental en la música de Lenny Kravitz a través de una carrera que abarca casi cuatro décadas. Seis años después del lanzamiento de Raise Vibration, de 2018, en el que abogó por la paz y unidad bajo un enfoque político, el ícono del rock contemporáneo muestra su lado más liviano en Blue Electric Light. Las condiciones para crearlo tenían que ser perfectas por lo que Kravitz regresó a su hogar, en la isla Eleuthera de las Bahamas, para grabar el disco (y aparentemente terminó produciendo suficiente material como para presentar cuatro álbumes) con su colaborador habitual, el guitarrista y compositor Craig Ross. El mismo clima de escapismo fluye en el enfoque ecléctico de la sesión, que oscila entre el p-funk exuberante en “It’s Just Another Fine Day (In This Universe of Love)”, el synthpop robótico de “Let It Ride” y la espiritualidad del góspel en “Love Is My Religion”. Además, el también compositor continúa bajo la influencia de Prince en “TK421”, apoyándose en una improvisación de funk con un largo outro que sería ideal para un remix. Y cuando la atmósfera se apacigua, Kravitz le agrega sensualidad a sus baladas (“Honey”) y temas de ritmo lento (“Stuck in the Middle”), otra similitud que comparte con el genio de Mineápolis. Blue Electric Light invita a sacudir la cabeza y bailar con soltura, pero Kravitz no ha olvidado los parámetros del hard rock y su virtuosismo en la guitarra eléctrica está siempre presente. En el hipnótico “Paralyzed”, retoma el sonido clásico de los años 70 que utilizó en Are You Gonna Go My Way, su éxito comercial de 1993. Estos experimentos divertidos se unen en una declaración de principios consistente que subraya el poder de su ideología: el amor todo lo puede. Pero cuando no predica su positivismo, Kravitz se refugia en la autoreflexión. En “Human”, expresa su gratitud al estar presente para vivir su verdad: “My heart is yearning for transformation/What is this life for? I’m gonna win”.